Kalisto (novela)
Abajo podes leer la novela KALISTO
Capítulo 1
Era un día caluroso como cualquier otro que yo había vivido en mis diez años de vida. Ese día se diferenciaba de los demás porque había llegado más allá de los límites propuestos por mi padre. Además, había encontrado un dibujo gigante en la infinita arena. Como había leído en algunos libros de mi padre, este dibujo simbolizaba un pez. Simbolizaba a todo lo opuesto que caracterizaba al lugar en donde estaba situada nuestra gran casa. Simbolizaba agua y nosotros vivíamos en el desierto.
Mi padre, mi hermana y yo vivíamos en una pequeña y cúbica casa rodeada por arena. Lo único que se divisaba en el horizonte era el horizonte en sí, y entre el horizonte y nuestra casa no había más que desierto sin elevaciones y compuesta por arena fina.
En mis diez años de vida no vi nada más que el cielo azul, el desierto, nuestra casa, a mi hermana y a mi padre. Diez años no era mucho tiempo, pero en el lugar donde vivíamos se hacían interminables.
Nuestra casa estaba compuesta por paredes hechas de cemento y techo de yeso, aunque nunca supe de donde sacó tales materiales mi padre para construirla. Tampoco yo sabía como nos alimentaba ni de donde sacaba la comida. Nuestro padre hablaba tal vez dos palabras por día con nosotros, lo cual me parecía molesto. Nunca nos dijo como murió nuestra madre, solo nos dijo que murió antes de que yo naciera, que era imposible porque ni yo ni mi hermana estaríamos vivos en ese caso.
Los días en nuestra casa eran monótonos, aburridos y todos iguales. Hacía calor a la luz del sol y frío a la luz de la luna. Luego del almuerzo, mi padre se quedaba en casa y nos decía que nos fuéramos a caminar y que no volviéramos hasta la hora de la cena. Aunque ninguno en mi familia tenía reloj, todos sabíamos que la hora de la cena era justa antes del anochecer. Los límites que nos había puesto mi padre para nuestras caminatas eran nunca perder de vista la casa, porque era lo único que teníamos para guiarnos. Entonces, pasaba mis días caminando por la arena buscando un sexto ítem que completara mi vida.
A la hora de la cena mi padre siempre nos recibía con un nuevo libro que había escrito durante el día, y hablábamos de él durante la cena. Todas las noches yo soñaba con el cuento del día que había escrito mi padre, y yo era en mi sueño el personaje principal. Algunas veces fui conquistador de tierras desconocidas, otras veces fui un guerrero defensor de mi pueblo o un navegante impulsado por una teoría sobre el mundo. Todo lo que yo poseía en mi mente era adquirido por los libros de mi padre, aparte de mis escasos recuerdos.
Parecía un día normal, pero al final me di cuenta de que era lo opuesto. El cuento de la noche anterior era sobre una familia que vivía en una pequeña embarcación a la deriva en el mar. El sueño había sido muy real. Cuando me levanté mi padre estaba sentado enfrente del piano y mi hermana afuera. Sin razón alguna, yo empecé a hacer un pozo en la arena. Cuando me vio mi padre yo ya había avanzado más de un metro. Salió por primera vez de la casa para advertirme que no hiciera eso. Entonces decidí salir a caminar solo antes del almuerzo.
Caminé por la arena dejando mi casa atrás. Cada huella que marcaba se borraba con el viento. Caminé tanto que mi casa se veía lejana en el horizonte. Vi un dibujo sobre el horizonte opuesto a la casa, y quería dirigirme a él. Sabía que si llegaba perdería de vista la casa, y no quería perderme. Entonces me saqué el buzo y lo tiré en la arena para usar como guía para volver a casa. Caminé tanto que el buzo reemplazó a la casa en el horizonte, que ya no se veía. El dibujo era muy grande, estaba hecho con montañas de arena y simbolizaba a un pez. Me paré en el medio del dibujo y en el horizonte opuesto al buzo se veía una línea muy delgada y larga. Pasé mucho tiempo preguntándome qué era. Luego vi a un hombre caminando hacia mí que venía desde el mismo horizonte. Era la tercera persona que veía en mi vida. Apenas lo vi, decidí volver a casa. No sabía si él me había visto, pero lo único que supe fue que nunca había llegado tan lejos. Con un gran esfuerzo y mucho tiempo llegué al buzo y divisé la casa. Me di cuenta de que el hombre seguía atrás mío y parecía que me estaba siguiendo. Como estaba aún más cerca noté que venía con un camello, y que iba más rápido. Comencé a correr hacia la casa y perdí de vista al hombre.
Cuando llegué estaba mi padre sentado en la misma silla de siempre, y cuando le pregunté dónde estaba mi hermana me contestó que la había enterrado en el pozo que yo había cavado, porque estaba muerta. Me dijo que había muerto de lo mismo que mi madre, que paró de respirar de golpe. Fui al otro lado de la casa y el pozo estaba lleno de arena. Como a mi padre no parecía interesarle mucho la muerte de su hija decidí ir con aquel hombre desconocido sin razón alguna. Mi padre estaba encerrado en su habitación, y antes de irme decidí llevarme el libro de mi padre que nos había leído la noche anterior. Me fui sin decirle nada y él no se dio cuenta de nada. No tenía razones para quedarme.
Mientras caminaba por el desierto pensé que nunca iba a volver a ver a mi casa. Al rato me encontré con el hombre nuevamente, y ya había perdido de vista la casa. Me quedé mirándolo un buen rato. Su camello tenía muchas bolsas colgando hacia sus costados, y el hombre tenía ropa oscura y húmeda. Tenía pelo largo y sucio. Antes de que yo dijera algo él me preguntó:
-¿Cómo te llamas?
Yo me quedé pensando un buen rato buscando una respuesta.
-No tengo nombre.
-¿Cómo que no tienes nombre?
-Mi padre no me puso uno- Contesté. -¿Cómo te llamas tú?
-Zelum. ¿Qué ves en el horizonte?
-Lo desconocido- Dije.
-Allá vamos.
Luego empezamos a caminar. Pasamos el dibujo del pez y se podía ver la línea.
-Como debes suponer- Habló Zelum.-yo dibujé el pez- Y yo lo había pensado.
A medida que caminábamos la línea se hacía más gruesa y nos acercábamos a ella. Yo iba siguiendo por detrás a Zelum y a su camello. Mientras caminaba pensaba en los cuentos de mi padre, por eso saque el libro. Como no podía leer porque estaba caminando, le pregunté:
-¿Adónde vamos?
-A conocer tu realidad.
Caminamos un buen rato por el desierto hasta que ambos nos paramos. Yo no veía nada más que el desierto en ese momento, la línea en el horizonte había desaparecido.
-Cierra los ojos y dime que ves- Dijo inesperadamente.
Obedecí. Lo único que podía ver era la oscuridad. Al abrir los ojos dije:
-No veo nada.
-Intenta de nuevo.
En el segundo intento pude ver agua. Era infinita. Había un barco a lo lejos enfrente de nosotros. No lo podía creer. Todo se veía tan real, como si tuviera los ojos abiertos.
-Ahora abre los ojos.
Obedecí y vi exactamente lo que había visto con los ojos cerrados, como si nunca los hubiera cerrado. Cuando intenté mirar hacia atrás Zelum me dijo enfadado que no lo hiciera, que nunca debía mirar hacia atrás.
Caminamos los pocos metros hasta la playa y nos subimos a un pequeño bote para llegar al barco. El camello nos seguía por detrás. Era de madera, el mismo material de las paredes de mi casa, y de estructura simple. Zelum subió todo lo que tenía sobre el camello al bote. Desgraciadamente no había suficiente lugar para llevar al animal en el bote. Zelum saco un arma de una de sus bolsas y le disparó tres veces al camello. Era un ruido muy fuerte que me hizo doler los oídos.
Remamos hasta la otra embarcación. Estaba hecho de un material metálico similar al arma de Zelum. Lo que me extrañaba era que no tenía velas. Tampoco no era muy grande. Tenía un pequeño toldo o techo de tela. En la sombra descansaba un hombre sentado en una silla. Por lo que supe después, tenía armas delante y detrás.
Subimos sin ninguna dificultad y atamos el bote a la popa del barco. Me acomodé en un banco que había a un costado. Zelum encendió una especie de motor que hacía un ruido insoportable y el barco comenzó a avanzar. El otro hombre no me dirigió ninguna palabra. Ni siquiera me miró. Se quedaba quieto en su asiento con los ojos desenfocados. Tenía la ropa sucia y desgarrada. No supe si había notado que estábamos al lado de él.
Fui a la proa de la embarcación y me recosté a tomar sol. Cerré los ojos y me dormí. Por lo que recuerdo, soñé que caía dentro de un volcán en erupción hasta derretirme. Casi podía sentir el calor en mi cuerpo. Cuando desperté tenía toda la piel quemada.
Mire a los alrededores del barco. No había más que agua a nuestros alrededores. Ya no se veía la tierra en el horizonte. Por un lado estaba feliz de dejar mi casa y averiguar que más había en el mundo, por el otro tenía miedo de jamás volver a ver tierra firme. No tenía idea de lo que me podría llegar a pasar. El primer día mantuve una buena relación con Zelum, aunque no hablamos desde el momento en que zarpamos. Pero el otro hombre era insondable y misterioso. Rápidamente se hizo de noche cuando pude enterarme de una terrible verdad sobre Zelum.
Capítulo 2
Había dos personas reunidas en el recinto iluminado por la tenue luz de una lámpara desde el escritorio del psicólogo. Un joven yacía recostado sobre un sillón plegable, y el adulto, sobre un banco.
-No pare... siga contando.
-Era como si me las estuviese viendo con la resaca. No me sentía bien desde el momento en que supe que Zelum mató a mi hermana. Ya estaba muy lejos de casa, y nunca antes había estado tan lejos. En el intento de dormir, como lo había ordenado el hombre que aún no se había presentado, fue cuando pensé en matarlos en el momento en que durmieran. Ni bien descuidarían las armas los tomaría por sorpresa. Sin embargo fui yo el primero en caer en un sueño profundo.
Me despertó Zelum amablemente. Para mi sorpresa, habíamos arribado a un puerto. Me habían despertado muy temprano. La niebla era tal que no podía ver más allá del edificio. Habían barcos enormes a mi alrededor.
A continuación Zelum se dirigió a mí. "Este es el puerto de Bramboria. ¿Alguna vez oíste hablar de este puerto, jovencito?"
Si hubiese insistido con la pregunta hubiese hecho algo completamente inconveniente, puesto que quería botarlo de la nave, pero en esos segundos comprendí que de hacerlo comenzaría una guerra de preguntas sin respuestas. ¿Por qué había asesinado a mi hermana? ¿Por qué vino a aislarme de mi padre, de mi hermana, y de la casa? De todas maneras no hice más que quedarme callado.
En ese momento no sabía, pero supuse que sería mejor dar por sentado que no volvería a mi viejo hogar. Ahora era un eterno forastero, viajero y sin una historia coherente que contar a cualquier interesado.
Con las horas buscaba el momento para entablar una conversación con Zelum. Pero parecía muy ocupado, y no hacia más que hablar de manera misteriosa con su compañero, quien no parecía tener intenciones de involucrarse conmigo.
Por la tarde fuimos a un recinto y dejamos los bultos. Era nuestro recinto al menos por un tiempo, o debería decir, su recinto. Desde la entrada a esa pequeña habitación, hallé un lugar en la esquina donde permanecer sentado todo el día hasta quedar hambriento.
Por la noche y con la luz de la luna saqué mi libro. Solo unas líneas acabaron conmigo, y caí dormido a un costado del suelo.
Es extraño, pero me sentía muy ligado a Zelum. No quería separarme de él, y lo supe desde que quise botarlo al mar. Además no terminaba de entender su confesión. Si él había sido el asesino de mi hermana, ¿por qué mi padre me había mentido? ¿Por qué querría Zelum culparse de una cosa tan terrible? ¿Qué había pasado con mi padre que me había explicado que había muerto de la misma manera que mi madre, y que la enterró aparentemente antes de que Zelum se acercase hasta mí desde lo lejos? Todo era muy confuso, y más cuando alguien te dice que cierres los ojos y cuando los vuelves a abrir te encuentras con el mar abierto que para ser sincero, nunca antes había visto.
El joven tomó asiento en el sillón plegable, y sacó dinero de su bolsillo.
-Debo hacer cosas.
-Me parece muy bien.
El psicólogo lo observó por la espalda hasta que abandonó la habitación preguntándose qué era lo que tenía que hacer. Era tan extraño lo poco que se le había sido confesado en aquella primera sesión, que por la noche no pudo pegar un ojo de la intriga.
Capítulo 3
Al otro día el joven volvió al consultorio con una mirada de temor y sufrimiento. El psicólogo le preguntó que era lo que le pasaba, pero él le respondió que no era nada. La sesión comenzó y el chico empezó a contarle su historia desde donde la habían dejado:
Cuando amaneció Zelum me llevó a un palacio en el monte Gagazet, pero no era cualquier palacio; solo a determinada hora cuando el sol se inclinaba de tal manera, los rayos del sol iluminaban la cima del monte revelando el palacio. El monte era bastante alto y debido a su inclinación tuvimos que subirlo a pie. Al llegar a la cima divisé el gigantesco palacio. Ahí Zelum me dijo que adentro se encontraban muchas respuestas. Entramos y pude contemplar la hermosa estructura: pilares de 10 metros que sostenían el techo, esculturas de dioses y demonios por doquier y un cuadro gigante en el fondo de la sala que me dejó sin palabras. Era el pez que estaba en las cercanías de mi casa. Zelum me miró y me sonrió.
-Ahora te enfrentarás a la verdad.
-Zelum, tengo miedo.
-No temas, todo estará bien.
Caminamos por el salón principal hasta otra recámara gigantesca, tal vez más grande que la anterior. Ahí dentro vi un trono ocupado por una criatura extraña. Los ojos de la criatura eran negros con la pupila blanca. Su piel parecía gastada. Las garras eran largas y filosas, al igual que sus dientes. Tenía dos cuernos grandes en su cabeza, como los de una cabra, y media unos 3 metros.
-Creativos sueños los tuyos- dijo el psicólogo
-¿Sueños? doctor usted no...- Interrumpido por el psicólogo.
-Mejor continúa.
La criatura parecía una especie de rey o dios. Me dirigió unas palabras con su voz ronca.
-¡Kalisto! Bienvenido al imperio del sol.
Al parecer Kalisto era mi nombre. Me quedé perplejo, no pude contestarle a tal oponente figura. Pero Zelum contesto por mí.
-Disculpe señor, el chico esta un poco confundido. Han pasado varios años.
-Ya casi es un sucio humano- dijo el rey.
No entendía bien lo que pasaba, ya que nunca había salido de mi casa y todas las personas que había visto eran de mi apariencia. El rey se dio vuelta y volvió a su trono. Zelum y su compañero silencioso me llevaron a una habitación bastante más chica que la anterior y me dijeron que por la noche dormiría ahí. En la habitación había una cama en la cual me recosté para descansar. Cuando cerré los ojos y escuché una voz. Una voz conocida... La voz de mi padre y estaba recitando uno de sus cuentos, el de un pequeño príncipe. Oía la voz pero no veía nada.
"En una tierra muy lejana en tiempos de guerra y desesperación, un pequeño príncipe vivía en un palacio real junto con su padre, su madre y su hermana. El padre era un hombre muy callado y frío, y su madre era lo opuesto. El rey siempre estaba concentrado en la guerra y en nada más, pero el príncipe mantenía la calma. En ese tiempo su esposa enfermó y el rey, solo concentrado en ganar tierras, no le presto atención. Pronto con el tiempo ella murió. El rey cayó en la locura y pronto todas sus tierras fueron tomadas hasta que su imperio cayó a pedazos. El rey y sus hijos huyeron en una balsa hacia el vasto mar y así navegaron por meses. Su hija e hijo murieron de sed. Pero él seguía vivo. En uno de esos días en el mar un pez lo visitó - un gran pez dorado -. El pez le dijo que les devolvería la vida a sus hijos pero que toda la riqueza que poseía se secaría y sus hijos serían puros, pero esta pureza les costaría una vida mas corta y el Rey estaría ahí para verlos morir otra vez. El rey aceptó y pronto las aguas bajaron. Sus dos hijos renacieron como bebés. El antiguo rey y sus dos hijos vivieron juntos en una casa para siempre en medio de un desierto muerto, sin saber cuando y como morirían, para toda su vida."
La voz de mi padre se silenció, abrí los ojos y pude ver a Zelum dentro del cuarto mirándome atentamente.
-¿Cómo sigue la historia?
-Tendrás que averiguarlo tú mismo.
Zelum se fue de la habitación y cerré los ojos.
Capítulo 4
De repente me encontraba flotando en el medio del mar. Miré a mis alrededores y no podía ver nada más que agua extendiéndose hacia el horizonte. El agua estaba muy fría. Me mantuve a flote hasta que una ola me levantó y pude ver a dos personas intentando subir a un resto de madera. Nadé unos cincuenta metros hacia ellos y me lanzaron una soga. Me acerqué a ellos y me ayudaron a subir. No tardé en reconocerlos.
Mi hermana era tal como la recordaba. Pero al principio tuve dudas de que esa persona fuera mi padre. Cuando lograron rescatarme él sonrió. Nunca había visto ese acontecimiento en toda mi vida. Además parecía más joven. No tenía tantas arrugas y su pelo tenía más color.
-Por un momento pensamos que te habías hundido con nuestro barco. Me alegra que estés vivo- dijo mi padre.
Ese día hablé más con él que en toda mi vida junta. Era un momento feliz. No me molesté en buscar explicaciones a lo que había ocurrido. Aunque todo parecía tan real, en mi mente sabía que estaba soñando. Lo cual me hizo dudar de cuál era mi verdadera realidad. Tal vez estaba en la habitación de un palacio soñando, o tal vez todo lo anterior que me había pasado era producto de mi imaginación. Estuve flotando en el mar inconsciente por varios minutos. Podría haber sido tiempo suficiente para alucinar toda mi vida anterior. Todo era confuso, sin embargo me sentía feliz.
Pero a las pocas horas mi hermana y yo empezamos a sufrir los primeros síntomas de deshidratación. Además no creía que nuestro pedazo de madera sobre el cual flotábamos aguantaría otra tempestad como la que había hundido nuestra embarcación la noche anterior. Rápidamente se hizo de noche y decidí dormir para no sentir el sufrimiento que causaba el hambre y, más que nada, la sed.
-Príncipe...- una voz se iba haciendo más y más fuerte en mi cabeza.- Príncipe.
Abrí los ojos sobresaltado. Para mi sorpresa vi al acompañante de Zelum al lado de mi cama. Me estaba mirando fijamente. Era la primera vez que me hablaba.
-No tienes que confiar en Zelum.
Miré rápidamente la habitación. Pude ver a través de la ventana abierta que aún era de noche. El hombre siguió hablándome.
-Mató a tu hermana para que hicieras el viaje.
-No entiendo- susurré.
-Luego de morir no tenías razón para quedarte, entonces emprendiste el viaje para averiguar tu realidad. Eres el heredero del trono. Pero para conseguirlo te enviarán por los túneles subterráneos del palacio donde te esperará un ser que no es de este mundo. Es la única forma de que seas rey.
-¿Qué tiene que ver con Zelum?
-Él te dirá que hagas muchas cosas para que llegues al trono. Y de hacerlo, te traicionará para que él llegue al poder.
No le creía una palabra de lo que hablaba. Sin embargo me hizo desconfiar de todos. En ese instante alguien empezó a golpear la puerta de la habitación. El hombre se puso más nervioso.
-Mañana por la mañana Zelum te dirá que hagas algo. El mundo depende de que no lo hagas. Si Zelum llegara a ser rey tendrá un poder inimaginable y será demasiado tarde para poder detenerlo. Eres el único que tiene la posibilidad.
Ahora estaban intentando abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave.
-Si te escapas, Zelum no tendrá posibilidad. Eres el único que puede encontrar al ser sobrenatural y quitarle el poder.
Empezaron a golpear más fuerte la puerta con intención de derribarla.
-Tengo que irme.
El hombre se acercó a la ventana.
-Eres único.
Subió a la cornisa y saltó al vacío hacia una muerte segura. Pude ver a Zelum que había derribado la puerta con su cuerpo. Estaba vestido con ropa diferente. Tenía una túnica negra y la cara casi cubierta. En su mano izquierda sostenía un sable.
-Mi amigo nos traicionó. Se dio cuenta de su error y eso le costó la vida. -Me aseguró Zelum.
Me sentía muy confundido. No sabía en quién confiar.
-Mañana emprenderás un viaje por los túneles del palacio. Te esperarán muchos obstáculos; como trampas, animales hambrientos y un ser que se encuentra al final del camino. No verás la luz por tres días. Mañana te daré una antorcha y un sable. Es todo lo que necesitarás para recuperar tu trono y salvar a nuestro pueblo.
Era exactamente lo que había dicho el otro hombre. Algo me decía que no tenía otra opción que hacer ese viaje.
-Mañana te daré instrucciones más específicas. Ahora debes descansar.
Zelum se fue de la habitación y traté de dormir un poco más. Me sentía incómodo ya que Zelum se encontraba en la habitación contigua y no había puerta para separarnos.
El joven finalizó de hablar y el psicólogo lo miraba atentamente. Hubo algunos segundos de silencio.
-Quiero que me cuentes algo más concreto, de tu verdadera vida. Estos son recuerdos que inventaste inconscientemente en tu cabeza.
-Son recuerdos de mi vida- contestó el joven.- Son verídicos.
-Hay algo que no entiendes. No existe Zelum, ni un palacio, ni seres inexplicables. Es tu imaginación.
-¡Todo es real!- gritó el joven enojado. - Puedo probarlo...- el psicólogo se asombró cuando el joven dijo esto último.
-Bueno...- habló el hombre.- Estos son recuerdos de cuando tenías alrededor de diez años. Quiero que me hables del resto de tu vida. No hablaste nada de tus últimos siete años.
-Yo... no me acuerdo de nada.
-Bueno, se nos acaba el tiempo. Mañana vamos a seguir hablando.
Ambos se fueron del recinto sin hablar una palabra.
Capitulo 5
-Buenas tardes.
-Buenas tardes doctor Bromo.
El joven se recostó en el sillón y continuó con sus recuerdos:
No sabía que creer. El hombre que se había lanzado por la ventana me había querido prevenir de la traición de Zelum. Me había dicho por qué había asesinado a mi hermana. Desde ya, lo quería matar con mis propias manos, pero algo me decía que todavía no era el momento.
Esa misma noche, no podía dejar de hacerme la pregunta de por qué creerle a un hombre que no me había hablado en la vida. Todo parecía una locura.
Si iba con aquel ser, por los túneles del palacio, quizá terminaría matándome. Seguramente el pueblo de aquel lugar estaría esperándome desde hace tiempo. ¿De no hacerlo, por qué Zelum no me había eliminado desde el primer momento si su meta era ser Rey? ¿Por qué no cuando dormía? Tras un momento de reflexión concluí: Zelum no debe tener como llegar al poder en esos momentos. Y quizás conmigo habiendo asumido lograría hacerse pasar por familiar, o como única alternativa para gobernar.
¿Por qué habría de acabar con su vida el "amigo" de Zelum? No podía ser por darse cuenta de una traición. ¿Cuán remordimiento podría causar el bien y cuan la traición? Fue en ese momento cuando pensé que quizá no se había lanzado al vacío, sino que como gran acróbata había conseguido hacérselas de algún obstáculo que le salvase la vida.
Me puse en cuclillas. Algunos huesos sonaron. En ese momento temí haber despertado a Zelum. A paso silencioso me aproximé a la ventana. Sigilosamente eché un vistazo por la ventana. De encontrar manera de que hubiera sobrevivido, ¿por qué no pensar que aquél hombre y Zelum estaban en esto juntos? - de hecho como en un principio aparentó -. Quizá después de todo, no me habían dicho la verdad. Quedaba en mí averiguar si yo era en verdad Kalisto.
Zelum estornudó. Un sentimiento de dudas y suspenso se apoderó de mí. Rogué por qué no se despertase y que no me viera parado en frente suyo de manera sospechosa. Fue entonces cuando decidí irme por esa misma ventana donde se había lanzado el "amigo". A diferencia de aquel hombre me sujeté bien a unas tejas en lo alto. Mientras, Zelum despertó por completo. No sabía bien si me había visto porque yo ya tenía la cabeza afuera y haciendo fuerza para ascender. De pronto una teja se desprendió del techo y cayó al vacío.
Una vez sobre el tejado, no hubo estruendo que me haya importado. Eché a correr despavorido saltando por los techos. La luna era muy grande y las calles podían verse con claridad, es decir, sin mayor dificultad. No tenía duda de que Zelum había seguido las pisadas por debajo del techo. Entonces seguí a grandes zancadas sobre los tejados, de manera que Zelum quedaría obligado a salir del edificio. Ya sea por los techos o por la calle.
Me volví atrás cerciorándome de que no me estuviesen siguiendo. Acto seguido salte al toldo de un mercado, y salí suspendido hacia delante pero había amortiguado mí caída. Una vez recuperado continué corriendo en dirección opuesta. Me habían pasado unas manzanas cuando me percaté de la entrada a uno de los túneles. "Ojalá se conecte con los demás túneles" - pensé.
Estaba completamente decidido a llegar hasta el ser mencionado esa misma noche.
El joven se sentó en el sillón inquieto, y le pidió un vaso de agua al psicólogo. Este tardó en responder, porque había querido saber como terminaba la historia, y la repentina necesidad de su paciente lo había distraído. Interrumpido.
Le extendió el vaso. Una vez refrescada su boca no supo como seguir contándole.
- ¿Le estaba siguiendo? ¿Llegó donde el Ser?
- Lo siento doctor Bromo. No recuerdo más.
Capitulo 6
-¿Cómo no te acuerdas? Necesito saber el final.
-Cálmese doctor Bromo, pronto recordaré esa parte.
-Ah, eso quiere decir que te acuerdas de otras cosas.
-Sí...
Después de encontrarme con la entrada a uno de los túneles dejé de recordar y me encontré en una habitación oscura. Pude sentir a otro ente en ese lugar, pero no era normal, no era humano. Al parecer no tenía ojos pero si una gran boca repleta de pequeños dientes afilados. Era un poco peludo y tosco pero su altura no era como la de la criatura emperador, era más bien de mi estatura. Le pregunté que qué era y qué me había pasado. Pero fue inútil, no hubo respuesta, solo gruñidos. Luego de un rato el monstruo me miro atentamente y pronunció unas palabras.
-¿Kalisto? ¿Príncipe Kalisto?
-No sé, supongo...
-¡Qué sorpresa tan agradable!
-¿Dónde estoy?
-En ningún lugar.
-¿Ningún lugar? ¿Cuanto tiempo pasó desde que me desmayé?
-Han pasado años, príncipe. Para ser exactos han pasado 20 largos años en el plano real...
-¡20 años! pero sigo siendo joven...
-Claro que sí. Aquí el tiempo no avanza.
-¿Qué me pasó?
-¿Realmente no sabes nada? Bueno, te voy a contar todo detalle a detalle. Tu llegada al imperio causó un gran revuelo entre los revolucionarios...
-¿Revolucionarios?
-¿No sabes nada? Los revolucionarios son los seguidores del anterior Rey, tu padre. El fue derrocado por el malvado Jaldegan, y tu vuelta significó el posible retorno del imperio de plata.
-¿Zelum? ¿Cuál es su rol en todo esto, lo conoces?
-Ah Zelum, sí, sí lo conozco. El es el líder de los revolucionarios, el que pensaba devolverte el control. Hubo rumores de que él se había suicidado hace 20 años.
-No. Ese fue otro, su compañero. Zelum es alto, con barba y pelo largo sucio.
-Ja ja, ese no es Zelum, ahora entiendo todo.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-La persona que tu creías que era Zelum, es en realidad Jaldegan-
-¿¡Qué!?
Capítulo 7
La habitación se hacía cada vez más oscura. No había ventanas ni nada que pudiera iluminarla pero sin explicación alguna, había cada vez menos luz. La criatura se me acercó y dijo:
-Se nos acaba el tiempo aquí.
-Entonces, si Zelum es Jaldegan... ¿Quién es el otro hombre?
-Creo que deberías saberlo...
Luego las paredes de la habitación empezaron a desplazarse hacia mí. La criatura se fue hacia la oscuridad de la habitación.
-¿Dónde estás?
-Vas a necesitar eso...
Junto a mis pies aparecieron un sable y una antorcha. Era exactamente lo que Zelum, o Jaldegan, quería darme anteriormente.
Corrí por los límites de la habitación todavía notando que las paredes se acercaban unas contra otras. Eventualmente me aplastarían. No pude encontrar rastro alguno de la criatura, se había desvanecido completamente de la habitación. Llegué a un punto en que la iluminación era nula, no tenía nada para encender la antorcha. Me senté en el medio de la habitación sabiendo que el tiempo se me acababa.
Necesitaba volver a mi realidad o moriría. Sentí las paredes a los costados de mi cuerpo. Sentía cómo hacían fuerza contra mí y me aplastaban. Me recosté en el piso de costado para tener algo más de tiempo. Un segundo después sentía como mis huesos se iban quebrando uno por uno. Estuve consciente hasta el último segundo. Las paredes aplastaron mí cráneo casi destruyendo el cerebro.
Lo último que percibí con mis sentidos fue el sonido de las dos paredes desplazándose, y pasé de ver una total oscuridad a una claridad perfecta. Sentía como si volase sobre unos campos de abundante vegetación. Nunca había visto algo así en mi vida. Solo había visto desierto, océano y una primitiva ciudad. Había ríos que finalizaban en altísimas cascadas y montes nevados a lo lejos que hacían reflejar la luz del sol como un espejo. Estaba completamente muerto.
Pero no era suficiente para mí. Algo me decía que debía seguir. No puedo explicar lo sucedido pero me esforcé enormemente y logré abrir los ojos. Para mi sorpresa, en el supuesto plano real, no era veinte años más viejo. Seguía teniendo la misma edad.
El psicólogo abrió el cajón izquierdo de su escritorio, agarró algo y se acercó al joven que estaba recostado en el sillón plegable. El joven siguió hablando sin notar que el psicólogo se le iba acercando.
-Desperté nuevamente en la entrada del túnel, pero tuve que atravesar un callejón para llegar hasta allí.
El hombre se acercaba por detrás del sillón.
-Tomé valor, entré al túnel y se me cerró la gigantesca puerta detrás de mí. No tenía otra opción que avanzar.
El psicólogo iba acercando la jeringa al cuello del paciente.
-En ese momento me di cuenta de algo que me llamó la atención, tenía un sable y una antorcha en mi poder.
El doctor le clavó la aguja a su paciente en el cuello e impulsó su contenido dentro del cuerpo del paciente, quien se dio cuenta de que lo que había sucedido no era completamente normal. No tardó en perder el conocimiento.
El doctor dejó la habitación dejando el cuerpo apenas vivo del joven. Caminó por los pasillos oscuros hasta que entró a un ascensor. Se encontraba solo en aquel lugar. Las puertas se cerraron y comenzó a descender. Pasaron unos pocos segundos hasta que el techo del ascensor se desplomó encima del hombre. Tenía una herida en la cabeza pero fue lo suficientemente fuerte como para salir de los escombros. El ascensor seguía moviéndose, pero ahora no tenía techo. No tardó en notar qué era lo que había destrozado el techo del ascensor. En frente de él se encontraba un ser extraño. Era tan alto que su cabeza sobresalía del ascensor. Sin embargo el doctor pudo notar que tenía los ojos cerrados. Se parecía más a un reptil que a una persona. Tenía garras, un color verdoso y unos largos dientes afilados. El doctor estaba paralizado de horror. La baba del ser caía sobre la cara del doctor, pero él parecía no notarlo. Por otro lado, se dio cuenta de que la criatura no había notado que él se encontraba enfrente de ella. El ser estaba completamente inmóvil. El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. El doctor caminó lentamente hasta salir del ascensor. La criatura parecía no haberlo notado. Las puertas se cerraron quedando el ser dentro del ascensor. El doctor estaba temblando.
A la mañana siguiente el joven despertó en el sillón plegable enfrente del escritorio. No recordaba nada de lo que había sucedido la noche anterior. Estaba asombrado de haberse quedado dormido en ese lugar. Nunca le había pasado algo así. Estaba confundido. Poco rato después el psicólogo entró al consultorio inquietamente, y se sentó detrás del escritorio sin siquiera saludar al paciente. Al rato dijo:
-Creo todo lo que dijiste.
El joven parecía no entender.
-Te creo-repitió el doctor.
La sesión continuó normalmente. El joven siguió la historia como si nunca la hubiera dejado.
Capítulo 8
Seguí caminando, alumbrando lo poco que podía. No logré acostumbrarme a la presencia de los murciélagos, pero aprendí a deshacerme de ellos con la antorcha. Casi me faltaba el aire, y el humo no me dejaba ver bien. En esta condición esperaba ansiosamente algo de aquello que se me había sido mencionado.
-¿¡Dónde estás bestia inmunda!? ¡Vengan! ¡Los reto! ¡Salgan ya de ahí! -grité hacia la oscuridad.
Sin hallar respuesta caí en un profundo sueño luego de llevarme por delante un obstáculo. Un anciano me despertó.
-¿Se encuentra bien?
-Estoy bien.... - me tomé la cabeza, que todavía dolía.
-¿Qué haces aquí? ¡Nos matarán a ambos si seguimos aquí!
-¿Dónde estamos?
-En los suburbios de la ciudad... ¿Puedes decirme que hacías durmiendo aquí?
-No recuerdo bien...
-No hay tiempo para recordar. Si nos quedamos aquí no agarrarán.
El anciano tomó mí brazo. Mientras corríamos le pregunté:
-¿Quiénes nos agarrarán?
-¡Los Bremens!
-¿Los qué?
-¡Ya los verás!
El anciano parecía conocer bien aquel lugar. Eran cloacas secas y sin techo. Apenas podían verse algunos edificios altos desde allí.
-¡Sigue corriendo, no pares nunca!
-¿¡A dónde vamos!? - pregunté. Estaba al borde de la desesperación. No sabía a dónde me llevaba. Parecía que intentaba salvarme de los Bremens.
-¡Tú sigue corriendo! ¡No trates de pasarme!
Y cuando terminó de decirlo me vi corriendo sólo, sin nadie en frente mío. Fue cuando volvió a tomarme del brazo. Quedé petrificado del susto. El anciano había tomado dirección a la derecha y no lo había visto. Había sido muy rápido. Era como un callejón sin salida.
-¡Ahí puedes verlo...! - dijo en un susurro.
Por lo alto un Bremen dio un salto hacía la cloaca, pero logramos confundirnos con la oscuridad. Aquel ser de gran musculatura que llevaba encima trapos que lo tapasen, tomó el mismo camino que nosotros.
-Dime qué hacías en el suelo.
-No recuerdo bien. Debo de haberme tropezado con algo. Tuve un sueño muy real.
-Tuviste suerte, chico.
-Ya lo creo - me tomé el mentón - esas criaturas...
-¿Los Bremens?
-Sí... - me volví al anciano - ¿qué se supone que son?
-Son los guardianes del emperador. Merodean por aquí con frecuencia en busca de personas como nosotros. Al menos como a mí. Exiliados del imperio.
-¿Qué hacen exactamente con las personas que logran capturar?
-Se las llevan al emperador... como si fueran un tributo. Son esclavos. ¿Cómo te llamas?
-No lo sé aún...
-¿Dices que estas aquí para saber quién eres?
-Sí...
-Mis amigos me dicen Greg. Ahora nadie me llama así. Sólo mi esposa, Lara.
Yo quería ver al emperador, pero luego supuse que era mejor interactuar con personas como el viejo Greg que con un emperador tan malvado. Al menos esa era la impresión que tenía de él por el momento.
Me llevó a sus aposentos donde vi a Lara, una mujer más joven que él, morocha y morena. Luego de saludarme volvió a sus labores, quién sabe cuáles. En cuanto a mí, tomé asiento: un almohadón. La casa era humilde - como era de esperarse de alguien que estaba en continua persecución con el gobierno para librarse de la esclavitud.
-Bonito lugar - me arrepiento de haber exagerado demasiado la mueca.
-Te agradezco, pero sabes, esta no es mi verdadera casa. Construí esta choza junto a las demás para no hacer ostentación de mi riqueza, y para mantener oculta mi verdadera identidad.
-Y entonces... ¿quién eres?
-Bueno, no soy nada del otro mundo. Soy un hombre que ha estudiado mucho y ha sabido cosechar su propia fortuna trabajando duro. Por diferencia de ideas me he visto obligado a exiliarme del imperio del sol.
-Entiendo... No parece un buen imperio.
-Ya lo creo que no. Pero no hablemos de eso ahora. Debes estar cansado... Te llevaré a mi verdadero hogar, a media legua. ¿Puedes caminar?
Admito que me excedí de confianza, pero parecía tan agradable que accedí de inmediato.
Era cierto, esa choza era una réplica de todas las demás. Admito que me generaba curiosidad saber qué se proponía viviendo entre los pobres siendo tan rico como decía que era.
Una vez que llegamos, me di cuenta de que mantenía bastante oculta su identidad, al menos desde lo económico. Sabría que me llevaría un tiempo conocerlo, pero de seguro mantenía ocultas sus ideas políticas y sociales. La casa era magnífica, y no me alcanzaban los ojos para contemplar los detalles a la distancia.
Me enseñó mi habitación. Tras unos tragos confesé algo que me andaba pasando.
-Me ha estado pasando seguido. Cuando duermo. A veces ni recuerdo que hago en algunos sitios, tan solo despierto en ellos. He tenido sueños muy extraños. Muy originales debería decir.
-¿A qué te refieres?
-Soy el cliente de un señor que me analiza según las cosas que le cuento.
-¿Un señor que lo analiza?
-Sí... Nunca le di demasiada importancia a esos sueños... salvo hasta hace unos días... que temí por mi vida.
-Pero ha sido solo una pesadilla... ¿A qué le puedes temer?
-Lo sé...
Greg dejó la habitación, habiendo ordenado que se me despertara para el desayuno. Agradecido recosté mí cabeza sobre un almohadón enorme y me aferré a las suaves sedas cayendo en el sueño.
Capitulo 9
-¿Que cosas tienes para contarme hoy? ¿Que pasó con Jaldegan y todo eso?
-Doctor Bromo, usted no es real.
-¿Que? Yo sé si soy real o no.
-Usted es mi sueño, no lo que yo le cuento a usted.
-Jajaja, ¡Kalisto! ¿Crees saberlo todo?
-¿Dr.? Un momento porque me preocupo, esto es un sueño, ahora estoy durmiendo en la casa de Greg, ¡en una cama!
El Doctor empezó a hablarle en un tono raro y fuerte.
-¿Qué es real? ¿Eres real? ¿Zelum es real? ¿Tus recuerdos son reales?
-¡De eso estoy seguro!
-¿Tan seguro de cuando estabas convencido de que esto era real? A los 8 años, en la ventana de tu casa viste una mariposa volar hasta dentro de tu cuarto y vos te sentiste fascinado porque era el único ser vivo que veías aparte de tu familia. Pero al otro día te diste cuenta de que tu padre la había aplastado, y te enfureciste.
-¿Como sabes eso? No había nadie mirándome, ni a nadie le conté lo de la mariposa.
-JaJa, ¿Ves "Kalisto"? No hay nada como la realidad absoluta, es sólo un concepto ridículo.
-Todo lo que digas no tiene importancia porque ni bien abra los ojos todo esto sonará ridículo y será otro de mis sueños bizarros.
-"Kalisto", vamos, es hora de irnos. Llegaron, no sé cómo pero nos encontraron...
Me desperté con el ruido de una fuerte explosión, había humo por todos lados. Greg se acercó corriendo ensangrentado hacia mi y dijo las siguientes palabras: "Vamos, es hora de irnos, llegaron, no sé cómo pero nos encontraron". Quedé petrificado, no sabía cómo reaccionar, ¿era real lo que me estaba pasando? Greg me llevó a una embarcación que había abajo de su casa. Parecía una especie de Río subterráneo lleno de columnas gigantes. Las paredes tenían pinturas de dioses y criaturas, como las que había visto en el palacio de Jaldegan, ¿acaso esto significaba algo? Greg me subió al bote y dijo:
-Huye, tienes que salvarte, eres la única salvación
-Pero... sube Greg.
-No, estoy muy herido, además te sería una carga nada más.
-¿Son los bremens?
-¡Sí! ¡Vete! ¡Ahora!
Él me empujó y el pequeño barco se alejó rápidamente de Greg hasta que desapareció en la oscuridad. El viaje fue largo, y el túnel se hacía cada vez más angosto. Después de un rato logré divisar una pequeña luz. Al rato descubrí qué era esa luz; una especie de entrada a otra cueva.
La cueva era bastante grande y arriba de todo había un pequeño agujero que dejaba pasar la luz del exterior. Las paredes estaban cubiertas de una mucosidad verdosa, había barro por todos lados y un olor horripilante. Mientras inspeccionaba el lugar logre escuchar una voz dirigida a mí, una voz ronca y grave. Un sonido repugnante. Me di vuelta lentamente y logre ver a una criatura gigante pegada a la pared de la cueva. La criatura medía unos seis metros, tenía brazos muy largos y flacos. Estaban extendidos pegados a la pared de la cueva, además no tenía piernas. Una especie de pequeños brazos le salían de la barriga, su cuerpo estaba cubierto de la misma babosa que cubrían las paredes, y su cara era lo más horripilante de todo; ojos del tamaño de mi puño, dientes largos y afilados, no tenia nariz; solo dos orificios, y le salían unas elevaciones extrañas de la cabeza y de la cara. La criatura me habló con su voz grave.
-Kalisto, no has cambiado nada en estos veinte años.
-¿Me conoces?
-¿Me has olvidado?
-¿Olvidarte? Ni siquiera se qué eres.
-Mi vida no puede estar más llena de miseria; el imperio del sol cae en las manos de Jaldegan, el suicidio de Zelum, mi destierro y ahora tú ni reconoces a tu padre.
Capítulo 10
Era un día caluroso como cualquier otro que había vivido en mis treinta años de vida. La humedad del túnel hacía esta situación más insoportable. ¿Cómo podía ser esa criatura mi padre?
-Mi padre es un ser humano.
-Supongo que tú también...
Me quedé mirando ese monstruo sorprendido. Recordé lo que me había dicho Zelum antes de suicidarse. Por una razón el ser en ningún lado me había entregado el sable y la antorcha. Había entrado a ese lugar con un propósito. Tenía que matar a esa bestia para llegar al poder.
Levanté la espada con intención de atacar a la criatura. Por un segundo dudé. Zelum me había dicho que no lo hiciera, que era la única manera de que Jaldegan no llegaría al poder. ¿Desde cuándo me interesaba ser rey, y tener poder?
-No es necesario que me mates, puedo cederte el trono, hijo.
-¿Por qué dijiste que no cambié nada en veinte años? Apenas tengo diez.
-No estés tan seguro.
La criatura señaló un charco de agua a sus pies. La luz que provenía desde arriba la iluminó lo suficiente para que pudiera ver mi reflejo. Era un hombre mayor, tenía barba y era mucho más alto. Me toqué la cara para comprobar la realidad. No había notado que mi voz había cambiado también.
-Lamento lo de la mariposa. - dijo mi padre.
Bajé el sable. Mi padre me alcanzó una corona de oro con uno de sus brazos y lo colocó en mi cabeza.
-Felicitaciones, mí rey.
Mi padre rompió el techo de la cueva con su cuerpo. Todo el lugar se iluminó. Me había estado esperando por veinte años, y ahora estaba listo para salir. Salimos y nos encontramos en una calle desolada. Empezamos a caminar hacia el monte del palacio. La ciudad estaba desierta. Al rato nos encontramos con Greg y su mujer, Lara. Tenía una herida en el brazo pero supuse que estaría bien.
-Veo que se encontraron. - dijo Greg.
-¿Por qué no hay nadie en la ciudad?- pregunté.
-Están todos en la entrada del palacio. Murió el emperador.
Empezamos a correr hacia el lugar. Cuando llegamos vimos a todo el pueblo intentando entrar al palacio. Había unos guardias en la entrada. No eran humanos sino seres corpulentos. Mi padre me levantó con sus brazos y empezó a avanzar por entre la multitud.
-¡Él es el nuevo rey!-cuando dijo esto toda la gente empezó a festejar.
Faltaban unos metros para llegar a la entrada cuando vi un gran grupo de personas montadas sobre caballos que empezaron a avanzar entre la multitud. Estaban vestidos de negro, tenían la cara cubierta y todos llevaban sables. Todos estaban vestidos igual, menos su líder. Tenía ropa azul oscura, con un pez y una luna dibujados. Era Jaldegan, quien yo pensaba que era Zelum. Ese grupo de personas querían atraparme.
-¡Son los revolucionarios!-gritó Greg desde lo lejos.
Llegamos a la entrada. Los guardias nos dejaron entrar cuando vieron mi cara. Pude ver a lo lejos que Lara se escapaba del lugar. Uno de los revolucionarios le pegó a Greg y se lo llevó prisionero. Mi padre me soltó. Los guardias me escoltaron hasta entrar al palacio.
Mi hermana me despertó. Era de día, había sobrevivido la noche. Mi padre seguía durmiendo. Aún no había nada a nuestro alrededor, nada más que el mar. Mi hermana despertó a mi padre, pero parecía que él no quería despertar. Nunca olvidé lo que dijo:
-¿No entienden? No tenemos esperanza. No queda nada más en el mundo. Nunca vamos a encontrar nada, solo agua. Si duermen es posible que no sufran al morir de hambre. - después de decir esto volvió a dormir inmediatamente.
Al rato me pareció ver algo en el agua, algún animal. Era muy grande. Le dije a mi hermana. Ambos nos asomamos para ver algo en el fondo del agua. Al poco tiempo un pez enorme y dorado salió del agua y voló sobre nosotros. Cayó del otro lado de nuestra embarcación y no lo volvimos a ver. Mi padre no lo vio, ya que estaba dormido.
-¿Querés que te duerma de nuevo? -me preguntó el doctor Bromo.
El joven se levantó del asiento sobresaltado diciendo:
-Tengo que hacer algo.
-A eso iba, ¿qué tuviste que hacer la otra vez? No vas a salir.
-Tengo derecho a irme cuando quiera.
-Me estás contando recuerdos de cuando tenías treinta años, lo cual no tiene sentido.
-Usted no es real.
-¿Y lo es Jaldegan, Greg o tu padre de seis metros y brazos que le salen del estómago? Honestamente, ¿qué te parece más real?
-Todo eso me parece más real.
-¿Y qué hay con eso del pez gigante, y el mar?
-Creo que esos recuerdos son de otra persona. Son míos, pero no lo son a la vez.
-¿Y eso tiene más sentido?-contestó el doctor rudamente.
-¿Cuándo fue la última vez que saliste del hospital, qué fuiste a tu casa, qué miraste por la ventana? -contestó el joven.
El joven dejó la habitación cerrando la puerta fuertemente. El psicólogo, enojado, fue a abrir la puerta en busca de su paciente. Cuando la abrió se asombró por lo que vio y por lo que no vio. Casi se cayó al abismo, pero pudo sostenerse de la manija de la puerta y volver a la habitación. No había suelo. La habitación parecía estar flotando a miles de pies de altura. Las nubes abajo no dejaban ver el límite. Hacia arriba se veía el cielo celeste. El psicólogo cerró la puerta y se tiró al suelo de la habitación, temblando aún por el susto.
Estuvo casi una hora en el piso hasta que volvió el joven. En ese preciso instante en que abrió la puerta, vio desde el suelo los pasillos de un hospital.
- ¡Yo soy real!- dijo el hombre con desesperación.
-¿Desde cuándo un hospital está completamente vacío? Sin doctores, enfermeros, pacientes...
-Va a ser mejor que sigas contando la historia.
Capítulo 11
Yo y mi padre aguardábamos dentro del palacio, tratando de adivinar lo que sucedía afuera. Evidentemente era un enfrentamiento entre el pueblo - feliz de mi vuelta al trono -, y los revolucionarios.
-¡Dicen llamarse caballeros, mas no tienen principios, sólo quieren llegar al poder! - objetó el padre.
-¡Pero toda esa gente! ¿No debemos hacer algo?
Sin respuesta alguna decidí luchar por aquellos que hasta hace unos minutos me habían vitoreado. Me volví a los guardias que custodiaban y les ordené que acabaran con todo aquel que montara un caballo.
-Absurdo sería voltear la mirada ante los moribundos. Vitorearon por mi regreso. - Desenvainé un sable colgado en la pared y ordené que abrieran las puertas - ¡He aquí mi regreso!
A continuación me confundí con el resto, pero mí gloriosa decisión de ir al ataque no había pasado por desapercibida ante el pueblo ni ante mí padre que decidió acompañarme.
Librada la batalla comenzó a llover y yo mitad sangre y mitad barro tomé mí sable con firmeza y desaté toda mí furia contra los jinetes, abatidos por los pobres.
Gloriosas estocadas le dieron la moral y la fortaleza necesaria al pueblo para determinar el triunfo. Tenían algo por qué luchar. Por la libertad.
Los revolucionarios sobrevivientes corrían por su vida. En ese mismo instante mi mirada y la de Greg se cruzaron. Habíamos luchado juntos y por la misma causa.
-¡Enfurecidos compatriotas aquí presentes os nombro caballeros por su valentía! Os invito a que bebéis vuestro vino conmigo en el palacio. Y vos Greg, espero no tengáis otras cosas que hacer.
Mí padre apoyó su mano sobre mí hombro y en un susurro dijo: "Lo has hecho bien y el pueblo está contigo"
Pasadas las horas, habían olvidado sus ropas. Algunos tocaban a las bellas bailarinas del palacio. Otros tan solo las veían sirviéndose del exquisito vino real servido en copas finas y las mejores uvas que hubiesen probado jamás.
Dejándose llevar por las melodías del arpa, confesé a mí padre y a Greg, sentados en divanes para varias personas, que dudaba de mí capacidad para hacer la voluntad de todos ellos.
-¡Por favor no lo dudes más! - Dijo mi padre - Sin duda alguna eres tú el único capaz de lograr la justicia en este pueblo.
-No solo se trata de poder, Kalisto el grande - dejó el vino en el suelo de mármol. Se trata de hacer uso de tus principios. Porque solo de esa forma serás el mejor. Pero ahora duerme muchacho, que mañana será un día largo.
-Así es - coincidió mí padre - elige a la mujer que desees y duerme bien.
-La he visto desde que entré al palacio.
Señalé a la mujer y cuando me alejé de los dos hombres estos intercambiaron miradas complacidos por la elección del Rey.
-Mientras la profecía se cumpla estoy tranquilo.
-Yo también. Esperemos que el amorío perdure entre su hijo y la princesa de Prusia.
Las joyas la habían hecho brillar entre las bailarinas. No era sorpresa para los hombres curiosos que la observaban con deleite, pues era distinguida por la hermosura en sus ojos. Seguía el compás de las danzas cuando me acerqué a hablarle. Mientras mi padre y el viejo Greg observaban con detenimiento.
-No será fácil para él. No se trata de que se gusten mutuamente, porque de hacerlo ella no se mostrará complacida ante lo que ve. No lo digo por mi hijo, sino por que... tal parece es una joven muy tímida.
-Puede parecerlo, pero sólo la primera vez.
-¿Y usted como sabe?
-Sólo supongo - mintió sin haber admitido que alguna vez había sido parte del gobierno de Prusia como también del Imperio Del Sol.
Prefería ocultar que alguna vez había tenido un romance con aquella mujer delgada y de nariz pronunciada. De temperamento nervioso y por lo visto aquella noche, algo mareada.
No me había percatado de todas aquellas compañeras que habían estado bailando a su alrededor, hasta que se alejaron de nosotros para que pudiésemos hablar tranquilos. Sin embargo no parecía haber intenciones en la mujer para entablar una conversación. Ella no estaba en condiciones pues había tomado mucho vino.
-Raro de verse en una princesa que se descuide tanto en una fiesta - dijo mí padre expectante.
-Y es oportuno que haya sucedido esta noche - dijo el viejo Greg, pendiente de la situación. Para sus adentros no coincidía con la opinión de mí padre.
Tomé de la mano a la mujer invitándola a bailar entre la multitud. Entre copas de alcohol terminamos bailando en la piscina para mojarse los pies. De pronto para sorpresa de los dos ancianos desaparecimos de su vista.
Nos habíamos escabullido por entre la gente.
-¿Cómo te llamas?
-Ana - respondió entre risas.
Subimos unas escaleras e ingresamos a una habitación. Sin otras intenciones que descansar, la mujer se recostó sobre la cama habiéndose descalzado. Sus movimientos fueron lo suficientemente torpes a causa de la borrachera que pude ver por debajo de las joyas y lo que podría decirse un vestido. Y como si hubiese podido desnudarla con la mirada no pude explicarme como vi el vello detrás de su bombacha que desmentía la suposición de que se tratase de una angelical infante. Mas debiera decirse, se trataba de una angelical mujer.
Me recosté sobre ella. Los ojos de Ana emitían un mensaje de lujuria y pasión. Pero también había miedo en su mirada. Vacilé al tocarla. Contemplé la suave y tibia piel de la mujer recostada sobre la cama.
Se preguntaba si le iba a reprender por haberme acercado con la única intención de hacerle el amor. Pero hallé la respuesta frente a la inercia del irresistible cuerpo, luego de haberla acariciado en un vaivén de arriba hacia abajo sobre el bordado de su interior, manoseando lenta y por completo la entrepierna de una mujer que confirmaba su entrega. Hambriento y sin devoro la complacía, pues no quería que todo acabase en un arrepentimiento.
A causa del placer, en un intento de resistir para recibir, la mujer descubrió inconscientemente un pezón. Su cintura estaba erguida para recibir más caricias por lo bajo, pero para su decepción, cesaron. Casi perplejo los acaricié en forma circular. Para mí estaba claro, ella no iba a entrar en razón.
-Disculpe, no sé por qué le estoy contando esto doctor Bromo.
-¡Continúe por favor! - ordenó enardecido.
Desperté con ella a la mañana siguiente. Se levantó antes que yo para ir al baño. No hubo mejor momento que me hiciese recordar lo que habíamos hecho esa noche que cuando las sabanas no pudieron ocultar su desnudez.
El día de mi retorno había sido espectacular. Supuse que todos los días siguientes serían iguales. Pero luego de que se despidió de mí para volver con sus padres al palacio de Prusia, no pensé en otra cosa que en las conversaciones entabladas con aquél doctor. ¡Un momento! Por primera vez lo veía tan claro y era conciente. Estaba teniendo dos vidas paralelas y no podía ignorar mis sesiones con Bromo. La pregunta era cuál era real y cuál no. ¿Con cuál me quedaba? ¿Con la que era rey y enamorado de la princesa de Prusia o en la qué tenía un trastorno mental y tenía más dudas de mi identidad? ¿En que vida había vivido más tiempo? ¿Por qué me pasaba esto a mí? ¿Acaso estaba enloqueciendo? ¿Todo esto lo había inventado simplemente porque me era más cómodo pensar que era alguien importante o heroico? ¿Sería esto algo que me pudiese responder el viejo Greg?
Decidí ir por él por aquellos "ríos secos de cemento", que se conectaban con los túneles de la ciudad. Estaba muy nublado, y no paraba de llover. Para mi sorpresa solo vi a la muchacha que trabajaba para él en la humilde casa. Le pregunté si lo podía encontrar en la mansión, pero me dijo que se había ido a Prusia. Me hubiese sido más práctico si hubiese ido con Ana.
Haber pasado por allí y no haberme encontrado a ningún Bremen fue gratificante.
La escollera defendía a la barca anclada. Su velamen permanecía amainado e iluminado por el tronar de los relámpagos que mantenían al mar embravecido. Zarpé con un barco pequeño pero de la realeza al fin. La marea y el tifón estaban contra el timón.
Capitulo 12
Una tormenta increíble soplaba, el barco amenazaba con voltearse en cualquier momento pero mí decisión seguía firme. De entre varias olas puede divisar algo gigantesco debajo de las aguas turbulentas, una criatura, desde donde lo veía yo, de unos 20 metros de largo. Una ola gigante se formó enfrente de mí y pude ver a la misma criatura metida en el centro de la ola. La criatura asomó su cabeza fuera de la ola que venía hacia mí. Era una especie de mezcla entre un dragón y una serpiente. La llamé Drapente. Abrió sus mandíbulas y se comió el barco, segundos antes salté hacia las inquietas aguas. Entre las aguas turbulentas y las olas vi a un pez grande y dorado que iba nadando hacia el horizonte. Entre todo ese ruido y olas sentía una calma dentro de mí que ya no me preocupaba la Drapente ni nada. ¿Por qué me sentía así al ver a ese pez dorado?
-Pero Kalisto, ¿Que es esto de una Drapente?- dijo el Dr. Bromo.
-¡No existes! Deja de aparecer en mis visiones, ¡me tienes harto!- respondió Kalisto
-¡Contrólate Kalisto! estoy seguro de que podemos resolver esto con un poco de terapia.
-¡Qué terapia ni qué terapia, tú desapareces y vuelves a aparecer en mi cabeza, y ya me harté, te mueres!
Ya que supuestamente era un sueño, materializó un lanzallamas con el cual incineró al Dr. Bromo. Con cara de placer observaba el rostro del Dr. Bromo derritiéndose.
Me desperté en las orillas de una playa. Había perdido toda la memoria desde el incidente con la Drapente.
Por arriba mío pude ver que pasaba una nave a vapor que se dirigía a una especie de metrópolis rodeada de una muralla alta. Me di cuenta de que estaba en Prusia. Caminé unos metros y me encontré frente a la muralla que protegía a la ciudad, pero al parecer había exagerado con respecto a la muralla, tan solo medía 2 metros. Al pasar la muralla noté que la ciudad estaba repleta de edificios gigantes y había muchas tiendas en las calles. Sabía que no podía caminar así como así, ya que era el "Príncipe Kalisto", así que me tapé la cara con una manta que había en un rincón del callejón. Al salir del callejón noté gran variedad de criaturas: humanos, gente reptil, criaturas parecidas a lobos pero que caminaban en dos pies, gente con cuernos, entre otros. Parecía que toda esta "gente" iba hacia un evento, una especie de "reunión del pueblo", por así llamarlo. Los seguí a todos hasta que noté que se dirigían hacia una especie de festival en la catedral de la ciudad. En frente de la catedral estaba el castillo del Rey, que tenía un balcón que daba a la catedral. En ese balcón se encontraban el Rey y la Reina. Logré ver a mi amada al lado de la reina. Sus senos sobresalían de su hermoso vestido azul, pero no era momento de pensar en eso, así que fui a buscarla, pero me detuve al ver que comenzó a besarse con una persona que pensaba que era parte de mis sueños... ¡el Dr. Bromo!
Capítulo 13
Robé un sable a una persona y pude ver que el doctor tenía quemaduras en la cara. Pude ver el camino que me llevaría al balcón, trepando entre los techos de las casas. En ese momento se me ocurrió una idea que podría ahorrarme tiempo.
Kalisto pudo ver un cuchillo antiguo que adornaba el consultorio del Dr. Bromo, a un costado de la biblioteca. Tomó el cuchillo y se acercó al cuerpo inerte e incinerado del psicólogo recostado en el sillón. Pensó que si lo decapitaba, a pesar de que ya estaba muerto, el Dr. Bromo de la otra realidad moriría instantáneamente. Empezó a cortar el cuello con el cuchillo, le tomó más trabajo de lo que había pensado hasta terminar. El piso se manchó de sangre y la habitación comenzó a tener un aroma insoportable. Tenía que salir de ese lugar, tenía que seguir recordando. Así lo hizo, Kalisto continuó recordando su historia a medida que hablaba solo.
Mi plan había fracasado, el psicólogo no había perdido la cabeza. Continuaba besando a Ana apasionadamente, aunque la mujer no parecía entusiasmarle aquella idea demasiado. Comencé a trepar por los tejados hasta que llegué al balcón. Rápidamente, unos guardias se llevaron a los reyes y a la princesa. Bromo empuñó un sable decidido a pelear conmigo. Ahora pude ver más de cerca sus quemaduras.
-Creo que tenías razón.-dijo Bromo.-En esta realidad soy heredero de un trono, es mucho mejor que ser tu psicólogo.
Intentó cortarme con su sable, pero logré agacharme a tiempo. En su segundo intento logré defenderme con mi sable, y continuó el duelo por un tiempo hasta que el hombre se escapó por los pasillos del palacio.
Los guardias empezaron a perseguirme. Estaba perdido en los laberínticos pasillos hasta que divisé una ventana. Pude ver que abajo estaban Greg y Ana, me estaban esperando con tres caballos.
-¡Salta!-dijo Greg.-Tengo un barco con una tripulación que los sacará de Prusia.
Detrás de mí se acercaban los guardias reales. Salté y me subí a uno de los caballos.
-¡Síganme! Los guiaré hasta el muelle.
Empezamos a cabalgar detrás de Greg. Parecía que habíamos perdido a los guardias. Al poco tiempo llegamos a un muelle pequeño y escondido. Había una sola embarcación. Corrimos hasta llegar al barco. Había un hombre negro y robusto con una sonrisa que parecía maligna.
-Él es el capitán Kananga. -me habló Greg. -Él y su tripulación los llevará a casa.
-¿No vas a ir con nosotros?-pregunté.
-No.-Contestó el viejo Greg. -Tal vez si me interrogan les puedo dar direcciones falsas. Los seguirán por lugares equivocados.
Greg se fue caminando del muelle. Desde lo lejos gritó:
-¡Zarpen, rápido!
Obedecimos. Kananga nos llevó a un camarote. Era un lugar pequeño, húmedo y oscuro en el que traficaban vinos aparentemente. Ana y yo debíamos permanecer escondidos en ese lugar todo el viaje. Se empezó a escuchar una especie de motor que impulsaba nuestra embarcación. Toda la tripulación era negra, eran alrededor de veinte personas. Supuse que provenían de algún país al que yo jamás había ido. Nos esperaba un viaje de dos días hasta el puerto de Bramboria.
Al conversar con Ana supe que ella no estaba feliz con el matrimonio arreglado con el Dr. Bromo. Supe que los guardias reales de Prusia jamás dejarían de perseguirme, por secuestrar a su princesa.
A la mañana siguiente desperté en los brazos de Ana. Había un barril de vino medio vacío. Tal vez era la razón por la que no recordaba mucho de la noche anterior. El barco se sacudía violentamente. No escuché a ninguno de los tripulantes, lo que me pareció inusual. Me atreví a salir del camarote. No pude ver a nadie en el barco, se habían ido. Desperté a Ana rápidamente.
-¿Qué pasó? -ella preguntó.
-Kananga y su tripulación nos dejaron solos.
Fuimos a la popa. Tomé el timón, pero noté que era inútil. Habían destrozado el motor y habían tirado las velas por la borda. Estábamos perdidos y a la deriva. Sólo se veía agua a nuestros alrededores. Traté de pensar qué podría explicar lo sucedido. Tal vez algo los había asustado; la Drapente. Era una posibilidad. Pasamos el día bebiendo vino y tratando de divisar algún barco a lo lejos que pudiera ayudarnos. Cerré los ojos.
Abrí los ojos. Estaba nuevamente en el trozo de madera junto a mi padre y mi hermana. Era un niño nuevamente. No pasó mucho tiempo hasta que divisé un barco a lo lejos. Desperté a mi padre y empecé a hacer señales de ayuda.
Ana pudo ver a unas personas flotando en un pedazo de madera; estaban peor que nosotros. La marea nos acercó a ellos. Cuando estuvimos los suficientemente cerca entendí quiénes eran. Mi padre, mi hermana y yo cuando tenía diez años. Yo no quería ayudarlos; si lo hacía el cuento de mi padre cambiaría. Los niños no morirían y mi padre no hablaría con el pez dorado. El pez no haría renacer a los niños y yo dejaría de existir. No podía decirle a Ana que no los ayudáramos. Además, ellos no me reconocerían. Los ayudamos a subir a nuestra embarcación.
Era tal mi locura que cuando llegó la noche consideré matar a los niños y tirar a mi padre por la borda. Traté de no pensar en ese tema de nuevo. Afortunadamente no solo había vino en el camarote. Había suficiente comida para durar un mes.
Pasó una semana hasta que divisamos tierra. Al día siguiente encallamos y nadamos hasta la costa. Para mi sorpresa estábamos en el Imperio del Sol. Le dimos una casa para que el padre estuviera con sus hijos. Estaba al lado de la mansión de Greg. Le dimos indicaciones a Lara para que los ayudara en cualquier cosa que necesitaran. No volví a pensar en ese tema por unos días.
Fuimos al palacio ese mismo día. Mi padre estaba encerrado en una habitación. Se alegró de verme. Pocos días después me casé con Ana y pasó a ser Princesa del Imperio del Sol. Realizamos una fiesta en el palacio para celebrar.
Comencé a bailar con Ana. Greg llegó en medio de la fiesta. Traía noticias de Prusia. Habló con mi padre.
-Los reyes de Prusia fueron asesinados. -le susurró a mi padre en el Oído. -Un tal Bromo está en el poder. Y está dispuesto a iniciar una guerra.
Mi padre se asombró por la noticia, pero no lo demostraba. Un sirviente ayudó a mover el grande, extraño e inútil cuerpo de mi padre hasta su habitación. Yo seguía bailando con Ana. Empezó a hablarme:
-Estoy embrazada. -me dijo.
No sabía que decir en ese momento. Le expresé mi felicidad y fuimos a dormir. Desperté sobresaltado en medio de la noche. Había tenido una extraña pesadilla muy difícil de explicar. Salí del palacio corriendo. Estaba lloviendo. Me paré en el camino a reflexionar. Al rato un grupo de caballos se acercó a mí. Eran los revolucionarios. Jaldegan pasó por al lado mío con su caballo y me noqueó con su sable. Agonizando me percaté de que me estaban arrastrando por el piso. Estaba atado a uno de los caballos. Me volví a desmayar.
Desperté en una celda. Del otro lado estaba Jaldegan.
-Así que quieren derrocarme. -dije con mucho esfuerzo. -Zelum, ¿o debería decir Jaldegan?
-Jaldegan... -me contestó. -Pero me temo que estás equivocado. Nosotros no somos los malos.
-Zelum me dijo que mataste a mi hermana. Creo que son malos...
-¿Quién te lo dijo? ¿Él? -Señaló a un hombre que entró al lugar. Era Zelum, quien se había tirado por la ventana. Estaba vivo. Estaba vivo y era un traidor después de todo.
-Nosotros somos los buenos.-reiteró Jaldegan. -Tu hermana está viva.
-¿Qué? -dije sobresaltado. -No soy idiota. No pienso confiar en ustedes.
-¿Alguna vez viste su cadáver? -preguntó Jaldegan sin esperar respuesta. -¿Comprobaste que estuviera muerta? -yo me quedé callado. -Como te dije; tu hermana está viva. Ana es tu hermana.
Capítulo 14
Estaba confundido, intentando atar cabos.
-¿Mi hermana? ¿Cómo puede ser?
-Entendemos que te resulte incómodo siquiera pensarlo...
No tuve otra opción pues en un impulso desesperado, mi cuerpo pedía expulsar todo lo que había tomado. Entonces vomité largo rato.
-¡Pero si... espero un hijo de ella!
-Lo sabemos...
-Un momento... ¿De ser los buenos por qué me hallo golpeado y dolorido?
Jaldegan no respondía y yo abrumado quería volver al palacio. Con Ana. Pero no podía ser mi hermana. No quería que lo fuera.
Hasta hace unas horas había estado planteándome un gobierno coherente, casi ideal. Pues la idea de ser Rey o emperador - aquí ya no hay diferencia en el lenguaje coloquial - se me estaba haciendo más real. Sin embargo de un día para el otro, las dos vivencias mías estaban relacionándose de nuevo con la aparición del doctor Bromo, aunque el prefijo doctor no le sentara bien.
Capítulo 15
Zelum se acercó a mí.
-Kalisto, nos has traicionado, eres otro títere del mago Garkland. Todo salió tal y como él lo había planeado desde el principio- dijo Zelum.
-¿Te referís al Dr. Bromo?- respondí.
-No, de él no sabemos nada. El mago Garkland es nada más y nada menos que...Tu padre.
-¿Qué? mi padre...no puede ser.
-Pero no es el padre que te crió desde que eras un nene, tu padre dejó de ser él cuando murió tu hermana, ¿te acuerdas?
-¿Ese mago estuvo detrás de todo?
-Si, déjame explicarte todo.
-Está bien.
-El mago Garkland es un mago muy poderoso, quien con su magia había conquistado la mayoría de este mundo miles de años atrás. Pero un gran guerrero, "El pez dorado" como lo llamaban, lo venció. Este guerrero era un maestro con la espada y la magia, pero al vencer a Garkland, éste le tiro un hechizo que convirtió al guerrero en un pez dorado de verdad. Garkland había quedado confinado dentro de un frasco sellado. Este frasco era indestructible, pero si alguien lo abriera, Garkland quedaría liberado de su prisión, es por eso que tiraron el frasco al fondo del océano. Siglos pasaron y La leyenda del guerrero dorado quedo vigente y el símbolo que utilizaba este guerrero, el dibujo simple de un pez, fue utilizado por varios imperios como signo de honor y esperanza. Tu padre, después de ser derrocado del imperio, navegó por el mismo océano en que había quedado sumergido el frasco con Garkland. El guerrero dorado encontró a tu padre y le concedió un deseo pero, a causa de ese deseo, el océano se convirtió en un desierto. El dibujo grande del pez que se encontraba en el desierto fue hecho por tu padre para rendirle homenaje al guerrero dorado. Un día, poco antes de que tu hermana muriera, tu padre, en una de sus caminatas por el desierto encontró un frasco. Tu padre abrió ese frasco sin saber que había dentro de él y por error liberó a Garkland, quien se poseyó de la mente y cuerpo de tu padre. Tu padre, ahora Garkland, decidió matar a tu hermana, pero había un propósito para todo esto, Garkland le echó uno de sus hechizos a tu hermana. Ella abandonó su cuerpo y un cuerpo sin alma no puede funcionar, así que le agregó un alma creada por él, esta nueva creación es tu esposa...tu hermana.
-¿Para qué le hizo eso a mi hermana?
-El cuerpo muerto de tu hermana no podía quedarse a la vista mientras el proceso de creación del alma tomaba lugar, tú lo podrías notar sospechoso y eso le causaría problemas a Garkland. Nosotros nos enteramos de esto gracias a los poderes de uno de nuestros aliados, Kereon.
Kereon apareció. Tenía cuernos en la cabeza y era bastante alto.
-Tal vez me recuerdes de algún lado Kalisto- Dijo Kereon
-¡Tú! Eras el emperador cuando yo llegué por primera vez al imperio. Dijeron que habías muerto- Respondí.
-Solo desaparecí un tiempo. Zelum, deja que yo le cuente el resto de la historia a Kalisto, tú prepara los preparativos para la revolución de esta noche. Kalisto, te parecerá raro todo esto, pero es la verdad. Tu padre empezó a mutar de esa forma ya que el cuerpo de tu padre no podía resistir al control de Garkland, la verdadera forma de Garkland es increíblemente rara y la mente no concordaba con el cuerpo, a eso se debe la mutación de tu "padre". Estas pensando porque hicimos todo ese teatro para tu llegada, ¿verdad?
-Si, ¿como sabías?
-Soy un mago Kalisto. Debimos montar toda esa fachada para descubrir a Garkland, su objetivo es volver a dominar el mundo y nosotros supusimos que había tomado control de tu cuerpo, por eso nadie era quien decía ser, el mago Garkland puede leer a la gente pero sus poderes estaban muy débiles en ese momento. Nos equivocamos, tú estabas bien, descubrimos más tarde que tu padre era Garkland, y eso afectó por completo nuestro plan, pero logramos montar un escenario al hacerte creer que habían pasado 20 años. Si, fue todo un engaño.
-Pero si ahora tengo 30 años.
-Jajaja si. De eso me encargué yo. Volviendo al tema de tu hermana, Garkland la reemplazó con un alma falsa. Su misión era que vos logres enamorarte de ella, obviamente tuvo que cambiarle la apariencia un poco. Garkland quería que tengan un hijo con la semilla del mal, este bebé solo podía nacer de parte de unos hermanos. Este bebé maligno iba a crecer con un poder inimaginable e iba a devolverle el trono y el poder a Garkland. Por eso es que debemos actuar rápido y detener que nazca ese bebé, no tenemos mucho tiempo.
-Pero si recién quedó embarazada, tenemos tiempo para planear todo.
-Me temo que el tiempo no está de nuestro lado, ese bebé no es normal, no tarda 9 meses en nacer, tarda 1 mes y queda poco tiempo.
-Pero hay algo que no me queda claro, ¿que tiene que ver el Dr. Bromo y mis visiones sobre el consultorio con todo esto?
-Dr. Bromo, ¿quién es? No tengo conocimiento de esto.
-¿No? Entonces, ¿quién es en realidad el Dr. Bromo?
-No lo sé, pero no es un factor importante en esta misión.
Zelum y Jaldegan aparecieron.
-¡Todo esta listo señor!- dijeron Zelum y Jaldegan.
-Excelente, comencemos la revolución- Respondió Kereon.
Capítulo 16
En el consultorio se hallaba Kalisto, sentado en el sillón. Se dirigió hacia la puerta y notó que no había nada debajo de la habitación, solo el cielo y unas nubes debajo. La cerró rápidamente. Comenzó a pensar; "Tengo que salir de este lugar. "Tengo que saber cómo sigue mi historia" Empezó a recordar y a hablar sólo.
Me llevaron a un caballo blanco. Cada uno de los revolucionarios tenía un sable. Éramos alrededor de cien personas. Comenzamos a cabalgar hacia el amanecer. Tal vez el mago Kereon me había hechizado, ya que no tuve inconveniente en creerles. Al poco tiempo llegamos al Imperio del Sol. Avanzamos entre las calles, las personas se iban escondiendo en sus casas. Nos paramos al comienzo del monte Gagazet. Jaldegan, Zelum y Kereon estaban a mi lado.
-Debemos atacar el palacio real -dijo Zelum.
-No. - Dije - Seguramente hay una forma pacífica de solucionar esto. Iré solo, no me harán nada.
-Tiene razón. -afirmó Jaldegan.
-¿Cómo haré para detener el nacimiento? -pregunté. -No voy a matar a Ana.
-Hay dos formas- Me habló Kereon. -Pero primero tienes que convencer a Ana. Lo lógico es que esperen a que nazca y le claven un puñal. -Kereon pudo ver la decepción en mi cara. -No tienes que dudar. Tienes que entender que no es tu hijo. Cuando nazca lo vas a notar, no se va a parecer a ti. Ni siquiera tendrá forma humana. Será un engendro horrible del mal.
Los revolucionarios se fueron del lugar, pero Kereon me dijo que se quedaría en ese lugar esperando.
Las últimas palabras del mago me dieron coraje para hacerlo. Cabalgué hacia la entrada del palacio. Los guardias me dejaron entrar y me dirigí a la habitación de Ana. Una ayudante me abrió la puerta diciendo "Felicidades"... ¿De qué? Me pregunté a mí mismo. Escuché el llanto de un bebé. Entré en la habitación lentamente, Ana lo estaba sosteniendo. Aparentemente había nacido prematuramente. Un día prematuramente, pensé.
Me acerqué a Ana y al bebé. Ella no sabía porque había nacido tan temprano, pero no parecía importarle. Pude notar rápidamente que Kereon estaba equivocado. El bebé tenía forma humana, y se parecía a mí. Dejó de llorar y me miró con sus ojos azules, sonriente. No podía matarlo, no podía apuñalar a mi propio hijo. Llegué a la conclusión de que no era un engendro de Garkland, no era posible.
Kereon entró a la habitación violentamente.
-¡Hay que terminarlo! ¡Rápido!- me dijo.
-No. -contesté. -Es mi hijo.
-Lo parece, pero no lo es. Lo voy a hacer yo mismo.-Empezó a gritar.
De repente se hizo de noche, lo cual no tenía sentido teniendo en cuenta la hora; y una ráfaga de viento frío entró a la habitación, rompiendo las ventanas.
-¡Si no lo detenemos nos esperará una eternidad de tinieblas, bajo el poder de Garkland!- gritó Kereon para que su voz se escuchase.
Entró Greg por otra puerta, corrió hacia Kereon con una espada. Kereon pudo defenderse, pero se fue corriendo del palacio cuando supo que lo perseguían los guardias.
-Es esencial que tu hijo viva - me dijo Greg.
En un instante se sintió un temblor en todo el palacio. El techo se empezó a derrumbar.
-¿Qué está pasando?- dijo Ana, protegiendo al bebé.
-Tenemos que irnos. -gritó Greg. -Por los túneles; Tenemos que escapar. ¡Prusia nos invade!
Ana se fue de la habitación. Corrió por los pasillos con el bebé, el techo se derrumbó detrás de ella, obstruyendo el paso. Ella estaba bien, pudo escapar por los túneles. Le advertí que se alejara de mi padre. Greg y yo nos quedamos encerrados en la habitación. Me asomé por la ventana destruida. El sol estaba cubierto por unas nubes negras, por eso parecía de noche. Frente al palacio había un ejército gigantesco, con catapultas al frente. Pude distinguir a Bromo sobre un caballo. Las catapultas estaban bombardeando las defensas del palacio, destruyéndolas. Esos eran los temblores que se sentían. Tenía que ir con Ana. Salí por la ventana y comencé a descender por las columnas verticales del palacio. Greg me estaba siguiendo.
Llegamos al suelo, pero el ejército de Bromo ya había cruzado las defensas. Un grupo de jinetes prusianos nos tomaron prisioneros. Nos ataron a unos caballos y nos noquearon.
Desperté en una celda a oscuras. Ahora era prisionero de Prusia. Había perdido la noción del tiempo. Estaba atado a una silla. Al lado mío estaba Greg en mi misma situación, aunque aún seguía desmayado. Enfrente nuestro estaba Lara, también atada a una silla e inconsciente.
Bromo entró por una puerta junto a varias personas. Se acercó a nosotros diciendo:
-No hay forma de que escapen. Este lugar está custodiado por mi milicia. Hay una sola salida de esta habitación, y está bien sellada. Además, del otro lado de la puerta hay cientos de guardias armados dispuestos a eliminarlos. No intenten escapar. Son prisioneros en su propia casa.
Capítulo 17
Tenía que hacer algo. No podía quedarme con los ojos cruzados. ¿Qué estarían haciendo con Ana en estos momentos? De pronto me vi sumergido en un estado de histeria insoportable, al no poder responderme a una pregunta: ¿Cuál era el estado de mi bebé?
Un Guardia irrumpió nuestra soledad en la mazmorra para llevarse a Lara. Debía de estar siguiendo las órdenes del Doctor Bromo que habría tomado el edificio. Greg estaba malherido. De querer despertar le iba a costar, pero yo no le iba a interrumpir el descanso para que viera como se llevaban a su mujer.
En vano quise que no lo presenciara, que no se percatara de la desaparición de Lara, pues los gritos de ésta lograron despertarlo. Aparentemente se la habían llevado a la cámara continua. Greg no dijo una palabra. Le tomó unos segundos recobrar la noción espacio temporal. Debo decir que me sorprendió que no me hubiera hecho una sola pregunta, como: dónde nos encontrábamos. Como decía, para mi sorpresa se volvió al suelo, tomándose la cabeza con las manos. Sus muñecas estaban pegadas por las cadenas de hierro soldadas a la pared, igual que las mías. Hubiese preferido no haberme percatado de ese detalle.
Los gritos de Lara empezaron a alarmarme. Greg seguía envuelto en sus pensamientos con vista al suelo. Ahora me arrepiento de haberle hecho la pregunta más estúpida de todas, con el ingenuo fin de sacarlo de la locura que las circunstancias provocaban. "¿Qué crees que le estarán haciendo?". No despegó la vista del suelo. Le agradezco por no haberme hecho saber con sólo una mirada, que era un estúpido. De todas maneras, no sabía qué era lo que pasaba por su mente.
Los sonidos de la cámara continua evidenciaron una violación violentísima. Los gritos de Lara eran inconfundibles. Los gritos de una mujer callada, de pocas palabras. El grito ahogado inevitable de quien no aguanta la situación me puso muy nervioso. Me puse mal por Greg, que parecía sobrellevar bien la situación.
-Oye Greg... Tenemos que hacer algo.
Envuelto en la penumbra no hizo caso omiso a mi comentario. "Mal por ello" pensé. Debía desahogarse. ¿Acaso aquellos gemidos desesperados estaban volviéndolo loco?
De pronto la muestra de su conciencia me dio una estocada de esperanza.
-Tienes razón. Se me ocurre que gritando quizá consigamos desviar la
atención de... aquel hombre despreciable que atenta contra la felicidad de mi amada.
A continuación empezamos a gritar todo tipo de groserías contra el Doctor Bromo, específicamente. Nuestras gargantas gritaban a más no poder hasta equiparar toda la concentración de aquel o aquellos que sacaban provecho de la incapacidad de Lara.
De pronto, Greg dejó de gritar para volverse a mí en un susurro.
-Es una mujer fuerte, no le pasará nada.
No le respondí. Seguimos gritando hasta callar a los gritos de Lara. ¡¿Por qué había dejado de gritar?! ¿Acaso la habían asesinado con la práctica del sexo? ¿O una vez satisfechas las ansias del violador, había intentado poner fin al remordimiento que aquellos gritos alimentaban, con una estocada en su vientre?
A continuación, las carcajadas de un hombre de voz ronca erizaron mi piel. Los pasos de un gigante se aproximaban a nuestra cámara. Estremecido por completo esperé a que abrieran la puerta. Ahora era capaz de esperar cualquier cosa para cuando finalizase el sonido del hierro chocándose.
La puerta se abrió lentamente y Lara salió del otro lado. Se reunió con Greg que llorado a más no poder, la envolvió con sus brazos. Lara no lloraba, y no daba muestras de haber llorado. La expresión dura permanecía en el rostro de aquella mujer maltratada. Por mi parte, siendo el más próximo a la puerta, me preocupaba un poco más, quién estaba por entrar.
Capítulo 18
Por la puerta se acercó alguien cuya presencia me estremeció. Se asomó una mano con unas quemaduras y después pude notar la figura de un hombre normal, era Bromo.
-Kalisto, Kalisto, Kalisto. Mi paciente favorito, ahora mi esclavo. El destino es gracioso. Podrás imaginarte que tu tratamiento no va a ser muy diferente al de Lara- dijo el Dr. Bromo.
-Maldito hijo de puta, Lara y Greg no tienen nada que ver en esto, ¡y que hay de mi bebé!- Dije con una furia gigantesca.
-Ah, tu bebé, él está sano y salvo en mi cuarto, pero tú no vas a estar sano. Toda esta charla me está resultando aburrida. Guardias, agarren a ese tal Greg.
-¡Estás loco Bromo!
-Es Dr. Bromo para vos, nene.
Los guardias desencadenaron a Greg y lo llevaron hacia la misma habitación que Lara. Bromo abandonó la habitación. Miré a Lara, pero su rostro pálido y maltratado lo decía todo, no tenía nada que preguntarle. Unos minutos después de que se llevaran a Greg los gritos comenzaron y siguieron por una hora completa.
De repente se abrió la puerta y pude notar como los guardias tiraban el cadáver mutilado de Greg. Su rostro era irreconocible, le faltaban los dedos de sus manos y pies, no tenía ojos y sus genitales fueron removidos. No pude aguantar más y vomité. Lara no tuvo reacción, estaba en un estado vegetativo.
-Oh, Kalisto, no te preocupes, yo no te voy a dar el mismo trato que a Greg, para vos te tengo algo especial preparado-dijo la voz de Bromo desde afuera de la habitación.
Unos guardias me desencadenaron y me arrastraron hacia la celda en donde sucedieron todas las torturas. Al entrar a la habitación lo primero que noté fue el horripilante olor a sangre e intestinos, además de que las paredes estaban pintadas de sangre. También pude notar semen en el suelo, mis pies descalzos tuvieron que sentir las sangre y el semen del piso. Bromo les pidió a los guardias que dejaran el lugar.
-Kalisto, te traje acá para que veas de lo que soy capaz, para que admires y temas de mi increíble poder. No se porque me encuentro en este mundo pero se siente bien acá. Tengo algo que nunca tuve en mi mundo, poder. Tal vez seré producto de tu imaginación y cobre vida tras alguna falla en el universo, o será algo que nosotros estemos muy lejos de comprender pero solo se que estoy vivo y puedo hacer lo que quiera- dijo Bromo
-¿Adonde querés llegar con esta charla?-pregunté.
-Ja, ¿adónde quiero llegar con esto? A ningún lugar, solo quería hacer una de esas charlas típicas que se dan a los "héroes" para que ellos piensen en algo, para darles falsas esperanzas de que vayan a poder escapar. Lamentablemente este no es el caso. Ok, en fin, toda la charla que te di acá y en la celda era un show, ahora me voy a divertir torturándote personalmente.
-¡Sos una rata hija de puta Bromo!
-¡DR! Bromo.
Bromo llamó a los guardias para que me ataran en una silla. Luego de que me ataron, Bromo sacó unas pinzas que incrustó en mis uñas y lentamente las arrancó una por una. Mi dolor era inimaginable, la sangre no paraba de correr de mis dedos y yo no podía parar de gritar. Luego me sacó 5 dientes con la misma pinza. Bromo hacia todo con una malvada sonrisa, como podía ser que un psicólogo común y corriente terminara siendo tal monstruo. Bromo me agarró la mano y acercó una sierra con la cual me empezó a serruchar el brazo. El dolor era inexplicable, yo deseaba cada segundo morir para que el dolor terminara, pero parecía que Bromo me iba dejar vivo hasta que se harte de torturarme. Pude escuchar como la sierra cortaba con dificultad mi hueso. Ya no sentía más mi brazo. Comencé a llorar del dolor, pero nunca le supliqué a Bromo.
-Mmm...A este ritmo te me vas a morir, mejor paro con vos y te torturo psicológicamente. ¡Traigan a Lara!- gritó Bromo.
Los dos Bremens de Bromo trajeron a Lara arrastrándola.
-Sos muy linda Lara. Ya deje que todos mis soldados y Bremens se diviertan con vos, creo que ahora es mi turno.
Bromo se bajó los pantalones y le corrió las nalgas a Lara. Su cola estaba destrozada de las múltiples penetraciones. Bromo la comenzó a penetrar a Lara enfrente de mí. Lara no emitía ninguna emoción ni sonido. Luego de haberla penetrado por dos horas y con varios instrumento de tortura. Lara parecía no dar más, entonces Bromo ordenó que la decapitaran enfrente de mí. Le empezaron a cortar la cabeza lentamente con un machete. Lara estaba viva pero no sentía nada. Cuando se acercaron al hueso los reflejos de Lara y su conciente se despertó y empezó a gritar y patalear de una forma descontrolada, fue horrible. Los soldados terminaron su trabajo y quedó el cuerpo de Lara decapitado y un gran lago de sangre. Me largué a llorar descontroladamente, mi cabeza no resistía más. Bromo le ordeno a los Bremens que se comieran los restos de Lara. En ese momento me desmayé.
Capítulo 19
En el consultorio se hallaba Kalisto, sentado en el sillón. En el suelo se hallaba el cuerpo inerte e incinerado de Bromo (por un lado) y la cabeza podrida (por el otro). Kalisto sentía un odio tremendo dentro de él. Se dirigió hacia la puerta y comprobó que no había nada debajo de la habitación, solo el cielo y unas nubes debajo. Empujó el cuerpo de Bromo hacia la puerta y lo arrojó hacia la nada, luego la cabeza. Instantáneamente se escuchó un golpe en el techo de la habitación. Kalisto trepó por el exterior de la habitación y llegó al techo. El cuerpo y la cabeza habían caído en el techo del consultorio. Kalisto volvió a entrar y se recostó en el sillón, a recordar. Al menos se había deshecho del cadáver.
Me sentía horriblemente dolorido. Seguía en la misma habitación oscura, manchada de sangre, con olor a podrido. Estaba sangrando, ya que Bromo me había cortado la mano izquierda. Había perdido cinco de mis dientes y todas mis uñas. Supuse que si Bromo había secuestrado a Greg y a Lara, también había secuestrado a mi padre joven, a mi hermana y a mi mismo (a quienes habíamos rescatado en el mar). No estaba del todo consciente, pero noté que Bromo ingresó al lugar. Se acercó a mí, me pegó (casi dejándome inconsciente) y empezó a apretarme el ojo izquierdo con su pulgar. El dolor era indescriptible, pude sentir la sangre saliendo de mi ojo, y el pulgar de Bromo hundiéndose cada vez más, hasta reventarme el párpado. Gritaba del dolor. Para mi alivio Bromo se fue de la habitación.
No puedo decir si pasaron diez minutos o tres horas cuando Bromo regresó. Pude reconocer sus pasos con solo escucharlos, ya que estaba ciego del ojo izquierdo y no me atrevía a abrir el derecho. Al principio no entendía porque Bromo me empezó a mojar, no sabía de qué líquido se trataba pero puedo asegurar que no era agua, por el olor. Una vez que me mojó cada centímetro de mi cuerpo, escuché cómo prendió un fósforo. En ese instante comprendí. Bromo arrojó el fósforo a mi cuerpo, que prendió instantáneamente en llamas. Sentía el calor en mi cuerpo y el dolor de mi piel quemándose; comencé a gritar alocadamente. Al menos mis heridas iban a cicatrizar. Pasaron unos segundos de profundo dolor hasta que me volví a desmayar.
En el consultorio se hallaba Kalisto, sentado en el sillón. Sin dudarlo, abrió la puerta y se tiró al vacío. Pensó que tal vez chocaría contra el consultorio flotante, pero al pasar un segundo comprobó que no era cierto. Perdió rápidamente de vista a la habitación. Dejó que la gravedad lo lleve. Caía y caía hacia el infinito. Se sentía como aquella vez que había muerto en ningún lugar, aplastado por las paredes; que comenzó a sentir como volaba sobre hermosos paisajes. Solo que esta vez no veía el suelo. Pasaron minutos hasta que llegó a la conclusión de que no existía el final, no había suelo. Iba a seguir cayendo hacia el infinito espacial y temporal. Solo veía las nubes pasando a una velocidad increíble a sus costados y a través de él. Siguió recordando su historia.
Me sentía horriblemente dolorido. Seguía en la misma habitación oscura, manchada de sangre, con olor a podrido. Desperté pensando que tal vez nunca podría escapar de aquel horrible lugar. Había perdido la noción del tiempo. Ya no había guardias en el lugar. Deseaba morir, no soportaba más el dolor.
La puerta se abrió y para mi sorpresa entró Kereon vestido de soldado prusiano. Se acercó examinando mi pésimo estado. Casi sin fuerzas le hablé:
-Ayúdame a escapar.
-Con una condición.-habló Kereon. -Tu hijo debe morir lo antes posible.
-No voy a matar a mi hijo, y no voy a permitir que lo hagas.
-Todo esto es obra de Garkland, está recobrando poder. Es la única manera de detenerlo. -Kereon me miró al ojo. -Además no tienes opción de negociar, es la única forma en la que te ayudaré a salir.
Comencé a dudar.
-¿Por qué no lo mataste, en vez de venir a pedirme a mí?-le pregunté.
-Solo el padre puede hacerlo. Es la única manera de que Garkland pierda su poder, y debes hacerlo rápido, antes de que adquiera mucho poder y sea demasiado tarde para poder detenerlo.
Parecía que aceptando era la única oportunidad para salir.
-Está bien, acepto tu trato.-afirmé, aunque no pretendía matar a mi hijo en verdad.
Kereon me liberó la mano derecha y me acompañó hasta la puerta. La abrió y me miró al ojo.
-Desde acá te dejo solo.-me dijo.
-¿Dónde estamos? -pregunté para obtener alguna información.
-En los calabozos de tu palacio. No va a ser fácil escapar, el lugar está infestado de soldados prusianos. Un rey prusiano llamado Bromo conquistó la ciudad.-Kereon caminó hasta el pasillo y, dejando la puerta abierta de la habitación me dijo: -Te encontraré en la casa de Greg y Lara.
Kereon se fue por el pasillo y desapareció. Crucé la puerta y me halle en el medio del pasillo, completamente desnudo y herido. Pude ver a dos soldados prusianos corriendo hacia mí, sacando sus espadas. Pude reconocerlos, habían violado y torturado a Lara. Un odio inmenso recorrió mi cuerpo; era el momento de la venganza. Nada podría detener mi furia animal.
Capítulo 20
Iluminados por una luz tenue y amarillenta se hallaba el doctor Bromo y su paciente, recostado sobre el sillón. A continuación les narraré los diez minutos más reveladores hasta el momento, del paciente conocido como "Kalisto".
El paciente parecía debilitado a causa de su relato. No tenía cómo seguir. Entonces el doctor Bromo de manera impaciente y como tratando de comprobar una conclusión, le preguntó:
-Dígame lo último que ha hecho antes de venir a consultar conmigo.
-Zarpé de un barco desde el Imperio del Sol, hasta su consultorio, señor -pronunció con voz quebrada.
Frente a esta respuesta que para sorpresa del doctor respondía a sus preguntas y encajaba con sus conclusiones, continuó diciendo:
-Y bien, si la realidad sigue siendo la misma... ¿Por qué yo dejaría de ser el doctor Bromo que ha mencionado en su relato? Ese personaje despiadado y malicioso.
-Creo que se trata de una ilusión mía. Pero no comprendo cuando puse fin a esa ilusión.
-Es que no le has puesto fin... -dijo lentamente acercándose al rostro del paciente, logrando que lo intimidara.
Cuando el paciente se debatía si debía salir corriendo o seguir escuchando, el doctor añadió:
-Preguntarse por la realidad es como preguntarse por el tamaño de las cosas. ¿Es el universo del tamaño de una mitocondria?
El paciente desorientado, ya no sabía quién era el que necesitaba de la asistencia de un psicólogo y poner en orden los pensamientos. Permaneció callado mientras el doctor continuaba:
-De serlo ¿corremos el riesgo de ser miembros del sistema cerebral de un boxeador? ¿Debemos sentirnos impotentes frente a la infinidad de sistemas? ¿Debemos sentirnos impotentes frente a la ignorancia?
-Sé que no soy un ignorante...
-Porque no sabes lo que no sabes... Además no pareces muy listo puesto que no me sigues el hilo de la conversación. ¿Qué no entiendes lo que planteo? ¿Acaso algo te detiene?
El paciente en el intento de probar que era listo añadió al planteo concentrándose:
-De ser complejos eslabones de un sistema mayor que lo comprenda todo... -y de pronto la imagen de un cuerpo gigante y divino, terminó aclarando sus pensamientos - ¿Te refieres a que formamos el cuerpo de Dios junto al sistema de los sistemas de los seres que a su vez son parte del sistema de... las hormigas?
-Correcto.
-Me siento pequeño como un subsistema que soy, y grande a la vez.
Pero reales al fin...
-¿Reales? Tan reales como los personajes de una novela, y como lectores de ellas. -se quedó observando al paciente, que aguardaba impacientemente a una explicación. -Mira... Veo que entiendes las cosas de manera muy estructurada, y no es así como debes ver al mundo. ¿Por qué habría de haber un tamaño estándar para las cosas? El universo es lo que ven tus ojos... Pero piensa cómo pueden ser vistos los planetas a los ojos de otros seres, más grandes que tú...
-Creo que voy entendiendo, doctor Bromo.
-Es mucho por hoy, ¿no es así?
-Ya lo creo... ¿Puedo quedarme un rato aquí sentado mientras usted hace sus cosas? - preguntó puesto que no tenía a dónde ir. Pese a la intensa consulta con su psicólogo, no había conseguido ordenar sus pensamientos, y seguía desorientado.
-Desde luego.
-¿Que es lo que sostiene?
-Oh, ¿esto? Un libro que empecé hace unos días. Es uno de mis favoritos. Aguarda... déjame hallar la marca. Te leeré algo. -una vez que encontró un texto subrayado le recitó: -"Era una noche de esas de letal tristeza, cuya causa no era fácil de revelar ante basta ceguedad, que envolvía las horas desnudas. La brisa le quitó el aliento. Volvió en sí cuando el orgullo corrompido estaba. Se rasgó las sedas y lloró. Se rindió a la cama a las memorias de la abuela. Como en la niñez, las quejas que le producían impaciencia frente a las preguntas existenciales que la muerte provoca, lo dejaron sin descanso esa noche." "Kevin Diggs". Uno de mis favoritos. ¿Lo entiendes?
-Sí, comprendo a qué hace referencia.
-No se trata de nostalgia ni agonía lo que yo me refiero. Sino... al interés que despierta en todas las personas, y que es manifestada por los artistas... al interés hacia lo desconocido... hacia el existencialismo...
-No entiendo a qué va con todo esto que viene diciéndome.
-Sé que de ser un texto de Sócrates te sentirías incómodo e impaciente frente a la complejidad de este planteo tan claro.
-¿A dónde vas?
-A leer el libro.
-¡No puede dejarme así! Me voy con más dudas de las que tenía antes.
-Antes no te habías hecho estas preguntas.
Capítulo 21
Me encontraba tirado en el suelo, mi visión estaba nublosa y mi cabeza retumbaba como un volcán. Al lado mío estaba Kereon junto a Zelum y los dos soldados de Bromo degollados en el piso, sumergidos en el charco de su propia sangre. Kereon me extendió su mano y me levantó del suelo.
-Es tarde. -Dijo Kereon
-¿Tarde para que? - Le respondí.
-Garkland...-
En el momento en que iba a pronunciar las palabras un gran dolor de cabeza me invadió como si una colmena de abejas se llenara en mi cabeza. Traté de calmarme pero en ese momento un pensamiento me vino a la cabeza.
-Esto es el presente.
-¿De que hablas Kalisto?
-...Bromo...él debe tener todas las respuestas. ¡Debo ir a buscarlo!
-Kalisto, ¿estás bien? Primero tenemos que detener a Garkland.
-¿Qué me sucedió?
-Te desmayaste, nosotros tuvimos que rescatarte.
-¿Adónde hay que ir ahora?
-Kalisto, la situación a empeorado, Bromo se llevó a tu bebé. No sabemos donde pero nos enteramos de que Garkland movilizó su ejército para buscar a Bromo. Nuestro trabajo se facilitó bastante pero aun así es peligroso. Garkland y Bromo no se tienen que enterar de que los estamos siguiendo. Nosotros nos encargamos mientras estabas inconsciente de liquidar a todos los Bremens de este palacio.
-Es hora de irnos Kereon. - Dijo Zelum.
-Kalisto...Es hora.
Estaba confundido, ¿es esto real o un sueño? ¿Que significaba el consultorio y Bromo? ¿Soy real? No es tiempo de preguntas, tengo salvar este mundo sea o no real.
Al salir del palacio de Bromo me encontré con todo el ejército revolucionario esperándome.
-¡¡¡Viva el rey Kalisto!!! - Gritó Jaldegan.
Así como Jaldegan, comenzaron todos los revolucionarios a alentarme. Me sentí muy bien y con fuerza a pesar de no tener piel, que me hayan cortado una mano y me hayan sacado un ojo. Kereon nos dirigió a todos al puerto del imperio del sol. Al llegar ahí me encontré con una persona que creí muerto, Kananga.
-¡Kananga! Pensé que habías muerto.
-Jaja no.
-Desapareciste aquel día en el barco, ¿que te pasó?
-Kalisto...todos somos parte de un sistema mayor...yo simplemente tuve que volver al mío...por un tiempo,
-¿De que estás hablando?
-Je...no importa, pronto lo sabrás.
Mientras que trataba de entender el extraño comportamiento de Kananga, le pregunté a Kereon adonde nos dirigíamos.
-¿Adónde nos dirigimos exactamente Kereon?
-Nuestros soldados escucharon a Bromo hablar sobre una isla al sur de acá, situada en el océano Diggs.
-¿Diggs?
-¿Que pasa con eso?
-No nada...es que Kevin Diggs es mi escritor favorito.
-¿Si? Yo lo odio.
-En fin, ¿vamos Kereon?
-¡¡¡Vamos!!!
Todos se subieron a bordo de un barco gigante, de unos cien metros de largo y treinta de alto. Me dirigí hacia la cabina del capitán donde me situé durante todo el viaje para poder estar al tanto de todo lo que sucediera. El barco comenzó a moverse y lentamente nos alejábamos del puerto. Kananga me dijo que el viaje iba a ser bastante largo así que me recosté a dormir en mi cuarto que estaba ubicado a unos metros de la cabina. Al recostarme en mi cama entré en un sueño profundo.
-Kalisto...Kalisto...Kalisto.
-¿Qué? ¿Quién es?
-Soy yo...
-¿¡Quien!?
-Kalisto
-¿¡Que!? ¡¡¡Yo soy Kalisto!!!
-Ya lo se
-¿¡Qué está pasando, por qué no veo nada!?
-Por que estás en un sueño profundo
-¿Qué está pasando?
-Úsala cuando el sol la refleje.
-¿Qué?
Me despertó un sonido muy fuerte. Parecía que habíamos chocado contra algo. Me apresuré a la cabina lo más rápido que pude. Abrí la puerta de la cabina y le pregunté a Kananga qué era lo que pasaba.
-¿¡Qué pasa!?
-Es...es...una...
Giré mi cabeza hacia la ventana y pude notar enfrente del barco la figura de una criatura conocida por mí.
-La Drapente...volvió.
Me dirigí lo más rápido que pude hacia fuera y agarré uno de los arpones que había en uno de los estantes antes de salir afuera. Al salir afuera noté el tamaño de la hija de puta y sin dudarlo le apunté a la cabeza, y disparé, pero fallé e impactó en su cuerpo. La Drapente se trató de sumergir y me arrastró con ella hacia el furioso mar. Las Drapentes son conocidas por ser unas nadadoras fuertes y rápidas. Con toda mi fuerza me acerqué a su cabeza arrastrándome por sus escamas. Agarre mi cuchillo y se lo clavé en el ojo. La Drapente produjo un sonido que me dejó sordo. Me solté de ella y se empezó a alejar de mí y el barco hacia las profundidades del mar, pero estaba seguro de que no iba a ser su última aparición.
La tripulación lanzó una red para tratar de agarrarme. Me sostuve lo más fuerte que pude de la red y lograron subirme de nuevo al barco. De vuelta en mi camarote, totalmente exhausto me recosté en la cama y me puse a pensar en el sueño extraño que tuve. ¿Qué me está pasando? Tantas dudas me dieron sueño así que me puse a dormir.
-¡¡¡GARKLAND!!!
Me desperté abruptamente debido a los gritos de la tripulación. Salí de mi camarote lo más rápido que pude y busqué a Kereon. Todo era un caos, la gente corriendo por todos lados, no podía bajar las escaleras porque estaban llenas de personas tratando de bajar y subir. Se escuchaban gritos y explosiones afuera del barco y la única forma de ver qué estaba pasando era dirigirme a la cabina del capitán. Al entrar a la cabina noté el cadáver de Kananga descuartizado brutalmente. Quién podía haberle hecho tal cosa a Kananga. Vi por la ventana la orilla de la isla y a un ejército de seres oscuros casi como sombras invadiendo el barco. Tenía que ser el ejército de sombras de Garkland. Estaban destrozando el barco y los tripulantes, yo no me podía quedar con los brazos cruzados; así que agarre la m37 que tenía Kananga en sus brazos, salté por la ventana y empecé a bajar sombras. Toda la sangre verde de estas sombras estaba encima de mí. No podía parar, había un odio en mí que jamás había sentido. De repente se empezó a sentir un gran temblor. Las sombras se alejaron y a lo lejos se veía un ejército de mil hombres y Bremens acercándose al barco. Su líder estaba cabalgando a la delantera, Bromo, el hombre con las respuestas. Bromo se detuvo y le habló a su ejército en un idioma raro, tal vez en prusiano o bremiano. Bajé del barco y me le acerqué. El parecía haber estado esperándome.
-Kalisto...
-Bromo...
-Dr. Bromo para usted...
-¿Qué esta pasando?
-Realmente no sé...
-Esperaba otro tipo de respuesta...
-Tenés que buscar tus respuestas por tu cuenta Kalisto.
-¿Soy real?
-¿Quién lo es?...ahora si me disculpas tengo asuntos que atender.
-¿Porque hacés todo esto?
-...Es mi deber como individuo que forma parte de este sistema...no puedo contradecir mis deberes, mis obligaciones.
-¿De qué hablas?
-¿Sos lento o que? No puedo explicarte todo nene. Ok listo mi deber terminó acá. ¡¡¡KiliJaguhl!!!
En ese instante todos los soldados de Bromo empezaron a cabalgar, excepto los Bremens que reptan, hacia el barco. Me di vuelta para presenciar como los soldados de Bromo asesinaban a los revolucionarios y destrozaban lo que quedaba el barco. Los Bremens violaban a la personaban que agarraban y los soldados degollaban a sus oponentes, era una visión horrible pero... ¿por qué Bromo no me atacó, ni sus soldados? Me di vuelta para preguntarle a Bromo pero ya se había ido. Me dirigí al barco y utilicé las pocas balas que le quedaban a mi m37 para acabar con los soldados de Bromo. Maté a 7 Bremens pero aún quedaban 20, y 20 soldados más. De repente todos los soldados de Bromo se retiraron del barco, probablemente porque yo era el único que quedaba vivo.
Busqué por todos lados en el barco a Kereon, Zelum o al menos a Jaldegan. Recorrí cada habitación del barco y estaba por abandonar la esperanza hasta que me enteré de que me había olvidado de buscar en el cuarto de las máquinas y tuve suerte, estaba Jaldegan escondido con heridas leves, pero Kereon y Zelum estaban gravemente heridos.
-¡Jaldegan! ¿Que tan graves son las heridas de Zelum y el otro?
-Graves pero lo van a lograr, Zelum perdió mucha sangre por la herida que tiene en el hombro a causa de uno de los rasguños de los Bremens, y el otro se rompió una pierna. ¿Donde estabas Kalisto?
-Hablando con Bromo.
-¿Bromo? ¿Por qué no te atacó?
-No lo sé, todo esto es muy raro
-¿Al menos sabes adónde se dirigió?
-Mmm no estoy seguro...
-Es un problema esto, Bromo tiene un ejército y Garkland tiene a esas sombras molestas, y nosotros somos solo 3...4 me olvide del mago.
-Sea lo que haya venido a hacer acá Bromo no puede ser bueno. ¡Hay que detenerlo!
-¡Si! ¡Vamos! Zelum levántate, ¡es hora de irnos! Y tú...
-Kereon...
-¡Si! ¡Tu también! ¡Vamos!
Los cuatro salimos del barco y nos adentramos en la selva de la hermosa isla. Los árboles median unos 20 metros y estaban completamente cubiertos por raíces y lianas. La vegetación era extraña, había especies nunca antes descubiertas como una flor que tenía el aspecto de una orquídea azul pero con unos pétalos largos que salían del interior y su tallo estaba lleno de espinas rojas. Habían ríos cuyas aguas eran cristalinas y calmadas, montañas de tamaños impensables. Estructuras rocosas cuyo diseño era digno de una obra de arte de mi escultor y escritor favorito Kevin Diggs. De vez en cuando me olvidaba de mi misión y me distraía por la belleza de los paisajes. Una vez que habíamos terminado de cruzar la inmensa y agotadora selva, los cuatro divisamos una gran planicie con una pirámide en el centro de la misma. En las escaleras que llevaban a la cima de la pirámide estaba Bromo y su ejército por detrás. Zelum, Jaldegan y Kereon lograron verlo también, pero no podíamos atacar, era demasiado peligroso, había que idear un plan. Entre los cuatro nos pusimos de acuerdo en atacar a cuatro soldados de Bromo desprevenidos y ponernos sus armaduras. Bajamos por la colina hacia la planicie y nos dirigimos sigilosamente hacia la pirámide. Reptábamos por el suelo para que los grandes pastizales nos tapen. Una vez que estábamos cerca de unos soldados desprevenidos saltamos del pastizal, les rompimos el cuello a los cuatro y nos cambiamos escondidos en unas ruinas que estaban cerca.
Estábamos los cuatro cambiados y listos, excepto Kereon que tenía problemas con la armadura debido a que media 2,5 metros y tenía dos cuernos. Kereon decidió quedarse para vigilar. Tratamos de caminar como soldados y a la vez acercarnos hacia la pirámide para poder subirla y alcanzar a Bromo. De repente Bromo se asomó desde la cima de la pirámide para anunciar algo.
-¡Queridos prusianos y Bremens! ¡La hora ha llegado! Con el poder del bebé del príncipe del imperio del sol y la espada dorada que yace en la tumba del guerrero dorado, lograremos conquistar esta tierra.
La multitud de Bremens y soldados alentaban a Bromo y gritaban de alegría. Bromo era amado por miles y yo era odiado por el imperio del sol por haber traído muerte a su pueblo e incompetencia al trono. Tal vez Bromo no era una persona tan mala después de todo, habrá violado y descuartizado a Greg y a Lara, me cortó la mano, me sacó un ojo, y me quemó vivo pero... pensándolo bien es un maldito, merece la muerte. Toda la ira en mi cuerpo estalló al recordar todas las barbaridades que Bromo había cometido. Desenfundé mi espada prusiana y corrí hacia donde estaba Bromo. Levanté mi brazo, alcé mi espada lo más alto posible y abalancé la espada sobre el cuerpo de Bromo, pero pareció no hacerle daño. Miré su brazo y noté que había detenido el golpe con la espada dorada.
-Jeje Kalisto, tan torpe como siempre.
-Esa es la espada dorada...
-¡¡¡Si, ahora todo el poder es mío!!!
-Mi bebé...
-Tu hijo debe ser sacrificado con la espada dorada
-¡¡¡No toques a mi hijo Bromo!!!
-¡Dr. Bromo! Ahora apártate que tengo que acabar con el ritual.
Bromo me empujó y caí al suelo. Se dirigió con firmeza hacia la cuna de mi hijo y colocó la espada encima de su pecho. Estaba paralizado al presenciar tal atrocidad. La punta de esa espada estaba a centímetros del pecho de mi hijo. En el momento en que Bromo parecía que iba a matar a mi hijo hubo un temblor que sacudió la pirámide por completo tirando a Bromo al suelo y la espada dorada a su vez. ¿Cual podía ser la fuente de tal temblor? Me asomé por la entrada de la pirámide y quedé atónito al ver al gigantesco cuerpo de Garkland acercándose con sus sombras hacia la pirámide. ¿Como haría para detenerlo? Bromo se levantó y ordenó de inmediato a sus tropas que atacaran a Garkland y a sus sombras. Una gran guerra se desató. Yo no me podía quedar mirando, tenía que ayudar a Zelum y a Jaldegan. Bajé lo más rápido que pude por las escaleras de la pirámide hacia el campo de batalla. Desenfundé mi espada y empecé a cortar cabezas de sombras. Cada sombra que se me acercaba caía ante el filo de mi espada. Entre todos los seres batallando logré ver a Zelum que hizo gala de sus habilidades, podía encargarse de 3 sombras a la vez. Jaldegan no demostraba mucha habilidad. Una sombra se acercó a mí corriendo derecho pero le atravesé la espada en el medio de su cara y toda su sangre verde comenzó a esparcirse por mi rostro como cuando una ola rompe contra los acantilados. Algunos soldados valientes trataban de hacerle frente a Garkland pero les era imposible, el bicho media unos 30 metros de altura y sus golpes eran fatales. Una sombra me agarró por la espalda mientras que otra se acercaba para clavarme sus afiladas garras, pero Zelum la partió por la mitad con su sable. Yo le di un codazo a la sombra que me estaba agarrando, me di vuelta, le agarré la cabeza y se la arranqué. Entre todo ese baño de sangre agarre la espada de un soldado caído y decidí hacerle frente a Garkland. Corrí a toda velocidad decapitando cabezas de sombras en mi camino hacia Garkland, salté sobre su deforme pie y le clavé ambas espadas. Garkland comenzó a gritar y su sangre compuesta de sombras comenzó a salir con toda fuerza. Garkland trató de agarrarme pero yo le corté los dedos de su mano. Garkland utilizó su otro brazo y la abalanzó hacia mí con éxito. Salí despedido otra vez hacia el campo de batalla. Caí sobre el cadáver de un Bremen y me clavé una de sus garras en mi brazo. El dolor era intolerable, no podía moverme y lo peor de todo es que Garkland seguía completamente bien y se estaba acercando hacia mí para acabarme.
-¡Garkland! ¿Quieres esto?
Bromo estaba sosteniendo a mi hijo en sus brazos.
-¡Bromo! ¡Dame a la criatura! ¡La necesito!
-Lo sé...
Bromo le colocó la espada en la garganta a mi hijo. En un instante salta una sombra del campo de batalla y le roba mi hijo a Bromo y se lo entrega a Garkland.
-¡Maldición! ¡¡¡GARKLAND!!!
-Eres un idiota Bromo
-Jeje...Si...pero es parte de lo que debo hacer.
Garkland agarró a mi hijo y se lo tragó como si fuera un trozo de pan o lo que sea que come Garkland. Mi ira superaba los límites de lo impensable.
Garkland comenzó a cambiar, a mutar. Su cuerpo se retorcía descontroladamente. Su masa se expandía rápidamente y varios líquidos chorreaban de su cuerpo cambiante. Su mutación tomo un giro distinto, toda la masa de su cuerpo se comenzó a contraer cada vez más rápido. Su mutación paró y Garkland quedó reducido a un ser de unos dos metros, nada más con cuerpo humano pero piel gris y su apariencia era parecida a la de Kereon, solo que sus cuernos estaban retorcidos y formaban una espiral y sus dedos eran largos y afilados, más que los de Kereon. La expresión de Garkland redux, así es como llame a esta nueva encarnación de Garkland, era fría y calculadora. Todos los soldados y sombras se detuvieron ante la imagen del nuevo Garkland redux.
Bromo desenfundó su espada, se acercó a toda velocidad hacia Garkland redux y le clavó la espada en el estómago, pero Garkland no reaccionó. Garkland agarró la espada incrustada en su vientre y la quebró. Luego agarró a Bromo del cuello y lo arrojó unos veinte metros. Todos los soldados de Bromo, en defensa de su líder, decidieron atacar a Garkland, pero el mató a cada uno de los soldados simplemente con una sola mano. Les clavó las garras en los estómagos y gargantas de los soldados. Caían como moscas los soldados. En ese momento el sol comenzó a asomarse de entre las nubes y recordé el sueño raro que tuve. "Úsala cuando el sol la refleje", ése era el consejo. Me apresuré hacia la cima de la pirámide. Logré llegar a la habitación donde estaba la espada pero Garkland redux me había alcanzado, su velocidad era increíble.
-¿A donde crees que vas Kalisto? Aún no terminé contigo.
-¿¡Qué quieres conmigo!? ¡Ya tienes el poder que tanto querías!
-¡¡¡Yo quiero verte morir!!!
Garkland redux se aproximó hacia mí, levantó sus feroces garras y las abalanzó sobre mí. Cerré los ojos debido al pánico que me invadió, pero no sentí ningún tipo de dolor. Abrí lentamente los ojos y pude ver la garra de Garkland atravesando el estómago de Zelum, quien había recibido el ataque para defenderme.
-Ka...Kalisto....Príncipe...adiós
-¡¡¡Zelum!!! ¡¡¡No!!!
-No esté triste...yo simplemente soy un soldado a su cargo...una casualidad mas de la guerra.
-¡No, esta no era tu guerra! ¡Era la mía!
-Je...siempre tan generoso...
-Zelum...
-Lo único que lamento es que no voy a poder verlo convertirse en Rey del imperio del sol...
Garkland redux le retiró su garra y Zelum cayó muerto en el suelo. A mi lado estaban Kereon y Jaldegan dispuestos a dar todo por mí.
-Kalisto, apresúrate y agarra la espada, es la única solución, nosotros mantendremos ocupados a Garkland.
-¡Si, Kereon!
Corrí por la espada, Garkland trató de detenerme pero Jaldegan le clavó una lanza en la pierna. Garkland agarró a Jaldegan y le quebró ambos brazos, eso me dio tiempo de agarrar la espada.
Alcé la espada, un rayo de luz iluminó la espada dorada y le brindó un resplandor dorado. En ese momento un pescado dorado apareció en el lugar, era el mismo pescado que me había encontrado en aquellas aguas con la Drapente y el pez que estaba en el dibujo del desierto.
-Dame eso, nene.
Bromo apareció de la nada y me arrebató la espada. Bromo estaba muy mal herido y se reía como un maniático, había perdido la razón.
-¡¡¡El poder es mío!!! ¡¡¡Jajajajajajaja!!!
-Eso no te pertenece
Un guerrero en una armadura dorada y de piel dorada apareció detrás de Bromo. Su armadura tenía la figura de un pez. Agarró la mano de Bromo que sostenía la espada dorada y se la arrebató.
-Gracias. Ahora largo Bromo, esto no te incumbe.
Sin duda alguna era el guerrero dorado, el de las leyendas. El guerrero alzó la espada y se posicionó enfrente de Garkland redux. Ambos se quedaron inmóviles mirándose atentamente a los ojos, parecía un duelo mental.
Bromo se colgó de mi hombro y me pidió ayuda, el hombre estaba devastado y completamente loco.
-Kalisto... ¡Ayúdame!
-¡Príncipe Kalisto para usted!
Levanté mi pie, le di una patada que lo impulsó hacia las escaleras de afuera y empezó a rodar hacia abajo. Volví a prestar mi atención en el guerrero dorado y Garkland redux, ambos seguían quietos mirándose atentamente, algo terrible estaba por suceder, una batalla impresionante estaba por desatarse.
Capítulo 22
Era un día caluroso como cualquier otro que había vivido en sus diecisiete años de vida. El joven abrió los ojos. Había soñado que su psicólogo seguía con vida y que había tenido una conversación existencial con él. Con sus ojos vio la pura blancura de las nubes. Estaba cayendo, hacia la nada. Poco tiempo pasó, aunque al joven le pareció todo un día. El viento en su cara le dificultó la visión, pero pudo ver el consultorio flotando debajo de él. Por un segundo vio como una ciudad entera se fundía con el cielo, con el hospital justo debajo de él. La imagen de la ciudad se volvió a desvanecer y el joven vio el consultorio nuevamente. Se aproximó al consultorio cayendo y pasó a unos metros. El cadáver de Bromo había chocado contra el techo, pero él lo había esquivado. Supuestamente el viaje había sido instantáneo, ya que apenas él había arrojado el cadáver, éste aterrizó en el techo del consultorio. Una vez que pasó el consultorio el joven miró hacia arriba y sucedió algo similar al efecto de la ciudad. Millones de consultorios flotando a una misma altura, uno al lado del otro y separados por la misma distancia que parecía medida al milímetro. Las formas cuadradas de las habitaciones se extendían hacía el horizonte que, ya que no había horizonte en realidad, estaba delimitado por la altura de los consultorios. Luego miró hacia abajo y vio el suelo. A medida que se aproximaba su temor al impacto aumentaba, y pudo notar que era un desierto. El desierto era completamente homogéneo, excepto por que vio otro consultorio igual a los demás justo debajo de él. Quedaban pocos metros para el impacto, cien, sesenta, treinta, cinco...
En lo alto de la pirámide las dos espadas se cruzaron violentamente causando estruendos con cada choque, que causaban chispas que volaban alrededor de Garkland redux y el caballero dorado. Era una pelea increíble; los movimientos de ambos eran inhumanos. La espada dorada chocó contra la de Garkland, luego Garkland atacó por lo bajo. El guerrero dorado respondió saltando por lo menos dos metros. La espada de Garkland pasó bajos sus pies. Mis ojos apenas cerebro apenas podía procesar los veloces movimientos del duelo. Yo retrocedí unos pasos hacia la escalera sintiéndome vulnerable a tal batalla. Alrededor de la pirámide la guerra entre los prusianos y las sombras de Garkland seguía en pie e incluso más intensamente que antes. Pude ver a Jaldegan con los brazos quebrados. Se encontraba a un pie de la escalera y estaba indefenso ante la batalla. Kereon parecía estar persiguiendo a Bromo, quien se escapaba infantilmente entre los soldados prusianos y los Bremens. Me volví a concentrar en la pelea entre el guerrero dorado y Garkland. El guerrero parecía tener la iniciativa. Fue avanzando y haciendo retroceder a Garkland. Hasta el límite de la cúspide de la pirámide. El guerrero dorado le hizo un tajo con su espada en el abdomen a Garkland redux, quien reaccionó pateando violentamente al caballero. De la herida salieron sombras que se fueron hacia el cielo parcialmente nublado. El caballero estaba caído en el piso devastado por el golpe que había recibido. Fue entonces cuando Garkland comenzó a gritar en un idioma indescriptible. Era un sonido increíblemente fuerte que penetraba los oídos de todos los seres del mundo. Hacía que todos los demás sonidos existentes se silenciaran automáticamente. Yo me cubrí los oídos y con los dedos pude sentir que me salía sangre de las orejas. Me atreví a abrir los ojos y miré hacia el campo de batalla. Debido a que los Bremens eran conocidos por ser vulnerables y sensibles a sonidos fuertes, iban explotando desde lo dentro. Primero reventaban los más cercanos a la pirámide, y la extinción de estos seres iba avanzando con la onda expansiva del grito interminablemente largo. Quedaban pocos restos luego de que explotaban. Básicamente se hacían polvo en las caras de los soldados prusianos que se cubrían los oídos. Estaba seguro de que era la extinción de aquellos despreciables seres. Algo menos de qué preocuparnos, pensé. Sin embargo los Bremens habían dado una buena batalla a las sombras y comencé a ver este hecho como algo negativo. Volví mi vista a Garkland y comprendí qué era lo que estaba haciendo. De su herida en el abdomen y su boca ampliamente abierta por el grito salían infinitas sombras. Garkland estaba haciendo uso de sus poderes. La cantidad de las sombras era incontable; las mismas colmaron el cielo transformando el día en noche una vez más. Algunas de estas sombras rodearon el cuerpo del caballero dorado, que parecía inmóvil. Las sombras inmovilizaron su cuerpo y comenzaron a levitarlo. El guerrero parecía querer luchar y escaparse de esta burbuja que habían formado las sombras alrededor suyo. El guerrero quedó flotando a unos dos metros sobre la punta de la pirámide y parecía inmóvil. Garkland dejó de gritar y salieron las últimas dos sombras, una de su boca y otra de su herida. Ambas pasaron sobre mi cabeza sin avistarme y se dirigieron a Jaldegan que yacía herido e indefenso al pie de la escalera. Tenía que ayudarlo; comencé a bajar la escalera rápidamente, saltando de entre tres y cinco escalones. Esquivé varios cadáveres de Bremens y le robé un sable a un prusiano que todavía estaba aturdido por el grito de Garkland. Las dos sombras se posicionaron frente a Jaldegan con la intención de acabar con su vida. Yo salté desde el décimo escalón y comencé a volar hacia las sombras. Apunté mi sable hacia delante y pude ver a las sombras a punto de acabar con Jaldegan. Mi sable hizo un tajo en la piel de la primera sombra y la atravesó completamente. Todo sucedió en menos de un segundo. Mi cabeza entró por el tajo y no pasó medio segundo hasta que mi cuerpo entero entró en el cuerpo de la sombra. Salí por el segundo tajo que hizo mi sable aún impulsándome por la caída e ingresé en el cuerpo de la segunda sombra de la misma manera, pero esta vez no pude hacer un orificio de salida. Me quedé atrapado dentro de la sombra, debido a su piel que la hacía transparente pude ver hacia fuera notando que la otra sombra caía al suelo partida a la mitad sobre Jaldegan, quien ya estaba a salvo. La sombra en la que yo estaba también estaba cayendo muerta y comenzó a vomitar. Chocó contra el suelo y mi cuerpo salió por la boca del extraño ser impulsado por su vómito compuesto de sangre verde. Yo, empapado de vómito verde, caí sobre Jaldegan, quien también estaba repleto de este líquido verde maloliente. Me puse de pie asqueado por el sabor del líquido que conformaba el interior de estas sombras y comencé a vomitar sangre verde que había tragado en el interior de ambas sombras. Finalicé de vomitar y escuché en un volumen muy bajo (debido a que aún estaba un poco sordo por el grito de Garkland) a Jaldegan gritando, agradeciéndome por haberle salvado la vida. Kereon se acercó a nosotros y pude notar en su cara una expresión de asco ante nuestro repugnante estado. Los tres miramos a nuestro alrededor y luego hacia la pirámide. La batalla entre los soldados prusianos y las sombras continuaba. Bromo había traído a todo su ejército a la isla. El guerrero dorado seguía flotando y Garkland redux se acercaba a él con su espada con intención de finalizar con su vida.
-¿Por qué el caballero no usa sus poderes?-dije.
-Solo el pez dorado puede derrotar a Garkland. Hay que salvarlo. -dijo Kereon, quien para mi sorpresa se arrancó sus dos cuernos que tenía en la cabeza violentamente. Quedó sangrando, pero no parecía importarle. Arrojó sus dos cuernos contra Garkland. Éstos se incrustaron su cuerpo, evitando que haga su golpe final con la espada. Garkland quedó herido y yo aproveché la oportunidad al ver la espada dorada caída en el escalón más alto. Comencé a correr, apenas pude escuchar a Kereon:
-¡No lo hagas!
Yo seguí subiendo la escalera. Tomé la espada con la única mano que me quedaba y salté sobre el cuerpo de Garkland. Mientras caía pude ver a Garkland que abría los ojos y sonreía con satisfacción. Había levantado su espada. Yo caí sobre la misma incrustando mi cuerpo. Me atravesó, yo sentía un dolor agudo en el abdomen. Mi espada se frenó en la piel de Garkland causándole ningún daño más que una pequeña y superficial herida. Luego Garkland comenzó a agitar la espada revolviéndome los órganos internos. Comencé vomitar sangre y carne combinadas. Garkland me volteó con la espada y me golpeó contra el piso, donde empezó a rebanarme por la mitad. Mientras lo hacía pude ver con el ojo que me quedaba a Jaldegan que luchaba con sus brazos completamente dislocados contra las sombras que habían atrapado al guerrero dorado. Lo había logrado liberar. Garkland me cortó por la mitad a la altura de la cintura. Luego tomó la parte de abajo y me la mostró orgulloso de lo que había hecho. Honestamente, no se qué tenía contra mí. Me tomó de la cabeza para mostrarme como me desgarraba la piel del pecho y me arrancaba violentamente las costillas. Yo estaba completamente consciente y sintiendo el dolor insoportable. Había mucha sangre a mí alrededor. Comencé a gritar horrorizado al ver mis pulmones llenándose y vaciándose de aire, y mi corazón aún latiendo. Garkland metió su brazo en mi caja torácica destrozada para terminar de revolverme los órganos. Sentí como tomó el corazón con una mano y lo reventó como si fuera una ciruela. Eso es lo último que recuerdo. Había muerto.
En un lugar en la infinidad del desierto se hallaba un pequeño consultorio conformado por cuatro paredes de cemento y un techo de yeso. Era lo único que se veía en la monotonía de la arena. El techo de yeso estaba completamente destrozado. Adentro, entre los escombros del techo, se encontraba un joven desmayado, que no tardó en despertar. Se puso de pie y se sacudió. Polvo blanco cubrió toda la habitación. Se quedó de pie tratando de recordar. Un hombre negro entró por la puerta y habló:
-¿Estás bien? Caíste del cielo y atravesaste el techo.
-¿Kananga? Creí que habías muerto.
-Exacto.
-Yo también estoy muerto. -Habló el joven preocupado.
-No necesariamente.
-No comprendo.
-En realidad... -habló el negro. -Nunca estuviste vivo. Ni siquiera eres un ser humano.
-¡¿Qué?! No puede ser... -El joven se sintió enfermo.
-Yo no te mentiría, Rey Kalisto. No veas tu situación como algo negativo. El pez dorado te dio vida una vez, lo puede hacer una vez más, aunque acabaría con todos sus poderes y por ende, su vida.
Kalisto vomitó sangre al comprender que el hombre decía la verdad.
-Verás... -siguió hablando el hombre. -Siendo navegante te enteras de cosas como que un pez dorado le cumplió un deseo a un hombre, que consistía en devolverle la vida a sus hijos. Te enteras de que el pez empeña todos sus poderes restantes en convertir el mar en desierto y en recrear a esos niños.
-Entonces yo no soy más que una recreación. Nunca tuve vida.
-Eso no es del todo cierto. Antes de que el pez te recreara, había un niño humano que tenía vida. Es por eso que en tu mente tú tienes los recuerdos de ese niño, que estaba a la deriva en el mar con su hermana y su padre. Es por eso que tienes problemas para reconocer la realidad.
-Pero sigo sin saberlo.
-Cuando morí vine a este lugar. Al lugar que pertenecía en mis más profundos sueños. Volví a mi sistema. Esto no es más que una creación de tu mente. Es lo que tú quieras que sea.
El hombre se acercó a la puerta.
-Ahora, si me disculpas, tengo que volver a mi sistema. Debo salir por la puerta y levitar. El viaje será instantáneo de todos modos. Adiós Rey Kalisto.
-Es Príncipe Kalisto, mi padre sigue con vida.
El capitán Kananga abrió la puerta. Kalisto vio que del otro lado de la puerta había un pasillo de hospital. Kananga cerró la puerta. Kalisto la volvió a abrir y no había más que el desierto. El desierto en el que había estado toda su vida. Kalisto, al pensar en esto, se dio cuenta de que el consultorio tenía exactamente las mismas proporciones que su casa en la que había vivido sus primeros diez años. Es más, estaba construido de los mismos materiales. Salió e inspeccionó la estructura desde afuera. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¿Qué significaba? "Tal vez sea como un portal entre las distintas realidades", pensó. Tenía que volver a la realidad. Pero pensó: "¿Acaso no crecí en este mismo lugar?" Recordó su infancia surrealista y llegó a la conclusión de cómo su padre consiguió los materiales para construir la casa y cómo consiguió la comida para alimentarlos; Imaginando. Como él básicamente nunca vivió, estuvo deambulando toda su vida en esta creación suya y del pez dorado, este lugar entre la vida y la muerte. De alguna forma tenía que volver a la guerra para salvar al mundo. Pero materializar objetos no iba a ayudarle de nada. Supuestamente los diferentes sistemas se encontraban en diferentes alturas. Kananga fue a la ciudad que se encontraba arriba, aunque obviamente ya se había desvanecido. Kalisto miró hacia arriba y no vio más que el cielo celeste. Luego miró al suelo. ¿Por qué su padre no le dejaba hacer pozos en la arena cuando era niño? Pensó en empezar a cavar, pero con imaginarlo era suficiente. Entró a la estructura de cuatro paredes. Un agujero se empezó a abrir en el piso del consultorio. Algunos escombros cayeron por el agujero. Se había formado un agujero perfectamente circular de un metro de diámetro. Kalisto podría saltar por ahí perfectamente. Se atrevió a mirar hacia abajo a través del agujero. Justo abajo, a unos cien metros, había un barco saliendo de un puerto. El agujero parecía posicionarse justo encima del barco, justo encima del Kalisto que vivía en esa realidad. Kalisto, mirando desde el consultorio, recordó cuál era su deber en ese sistema:
-Kalisto...Kalisto...Kalisto.
-¿Qué? ¿Quién es?
-Soy yo...
-¿¡Quien!?
-Kalisto
-¿¡Que!? ¡¡¡Yo soy Kalisto!!!
-Ya lo se
-¿¡Qué está pasando, por qué no veo nada!?
-Por que estás en un sueño profundo
-¿Qué está pasando?
-Úsala cuando el sol la refleje.
-¿Qué?
Y fue así como observó desde lo alto los últimos momentos de su vida; hasta su muerte en la cúspide de la pirámide. Ahora la tumba en lo alto de la pirámide estaba alineada con el agujero y, por consiguiente, con el consultorio. Kalisto no dudó de que las proporciones de la tumba del guerrero dorado en la pirámide tuvieran las mismas proporciones que el consultorio y su casa, formando así otro pasadizo entre las dimensiones. Contempló su violenta muerte una vez más, era como si la estuviera viviendo de nuevo. Las sombras volando por el cielo dificultaban un poco la visión. Luego de su muerte, pudo ver al guerrero dorado (que había sido liberado por Jaldegan) empujando a Garkland redux, quien cayó rodando por las escaleras de la pirámide. Luego desapareció en la jungla seguido por sus sombras. Parecía que se sentía amenazado por el caballero dorado, que ya estaba libre. Luego Kalisto vio como el caballero dorado apuntó sus brazos hacia arriba, hacia él. Le parecía extraño que pudiera verlo. Un rayo extraño salió de las manos del guerrero dorado e interceptaron a Kalisto, éste comenzó a flotar dentro del recinto y atravesó el orificio.
Recuerdo que estaba descendiendo hacia la pirámide, estaba siendo atraído por un rayo. Desperté desorientado en la cúspide de la pirámide. Abrí mis ojos; para mi sorpresa tenía los dos ojos. Luego me percaté de que tenía las dos manos, todos mis dientes, mis uñas y la piel. Estaba entero y, más importante aún, con vida. Me sentía bien, lleno de vida. Me senté, a mi lado estaban Kereon y Jaldegan.
-¿Dónde está el guerrero dorado? -les pregunté.
Kereon, sin decir nada, tomó el escudo del caballero dorado y me lo mostró como si fuera un espejo. Me asombré al ver mi propio reflejo. Yo era el guerrero dorado ahora. Tenía piel dorada y una armadura dorada con el dibujo de un pez. Y ahora que lo notaba, también tenía su voz. Había reencarnado en el cuerpo del guerrero dorado. ¿Qué había sucedido?
-¿Qué sucedió?-Le pregunté a Kereon.
-El caballero dorado te dio la vida una vez, y lo hizo de nuevo. Pero hacerlo le costó su propia vida. -Habló Kereon.-La profecía dice que la única forma de derrotar a Garkland es que el príncipe del Imperio del Sol tome el lugar del caballero dorado; (por eso Garkland te quería muerto) ya que el original utilizó todos sus poderes en devolverte a la vida, sabiendo que tú eras el indicado.
-Ahora solo debes derrotar a Garkland y salvar el mundo. -Habló Jaldegan.
-¿Cuál es nuestra situación? -pregunté mirando alrededor de la pirámide. Kereon me contestó:
-Garkland realizó el ritual y ahora es más poderoso que nunca. Es una fusión entre tu padre y tu hijo. -Explicó Kereon. -Ahora se fue con sus sombras. Su plan es viajar hacia el Imperio del Sol y a Prusia a succionarles las almas a todos los humanos de este mundo. De esta manera, los controlará por toda su eternidad. Tú eres el único que puede salvarnos, él no puede lavarte el cerebro como a los humanos y a mi mismo.
Jaldegan comenzó a golpearse los hombros contra las paredes de la tumba violentamente. Se estaba acomodando los brazos. Kereon siguió hablando, como si lo que estaba haciendo Jaldegan fuera completamente normal.
-Se lo que te estás preguntando. "¿Cómo venceré a Garkland y salvaré a mi hijo y a mi padre?" Bueno, no tengo la respuesta. Tendrás que averiguarlo tú mismo, eres el caballero dorado ahora.
Ya había acabado la batalla alrededor de la pirámide.
-¿Dónde están todos? -pregunté.
-Los prusianos están regresando a su flota para seguir a Garkland. Le pertenecen ahora. -Kereon parecía preocupado, nunca lo había visto así. -Garkland le succionó las almas a los prusianos, incluso a su líder, ese tal Bromo. Están de su lado ahora, les lavó el cerebro, y eso piensa hacer con todos los habitantes del Imperio del Sol.
-Tenemos que alcanzarlos rápidamente. -Habló Jaldegan luego de acomodarse los brazos.
-Síganme, la flota prusiana no está lejos. -dijo Kereon.
Seguimos a Kereon corriendo, bajando las escaleras de la pirámide. Luego nos adentramos en la jungla. Tras unos minutos de avanzar por la selva avistamos al ejército prusiano. Se había reducido a la mitad, sin embargo seguían siendo una temible amenaza. Todos estaban cantando a coro: "Garkland... Garkland... Garkland..." Me acerqué corriendo por detrás rozando con mi piel dorada las húmedas hojas verdes. Saqué mi espada y me abalancé sobre el último soldado prusiano del convoy, lo decapité sigilosamente sin que nadie se diera cuenta.
-Debemos ser más cuidadosos. -Habló Kereon.
Silenciosamente fuimos siguiendo a los prusianos de cerca, escondidos en la selva negra. En poco tiempo llegamos a la playa de arena blanca. Nos quedamos ocultos detrás de unos matorrales. Encallados en la playa había unos cien barcos prusianos que, para mi sorpresa, tenían grandes globos llenos de gas en lugar de velas. Eran enormes, tenían una hélice gigante en la popa y tenían grandes timones alrededor de todo el barco que parecían darle dirección. También noté una chimenea que emanaba humo a grandes cantidades.
En la playa, a lo lejos, pude ver a Garkland redux subiendo a una de las embarcaciones, rodeado de miles de sombras sobrevolando los alrededores. Los soldados prusianos fueron colmando las embarcaciones hasta que quedó Bromo con un grupo reducido de personas que subieron a la última embarcación. Los primeros barcos en adentrarse en el mar hicieron un ruido con sus hélices que se asemejaban a aquella mariposa que había entrado por mi ventana. No comprendía cómo habían logrado desencallarse, luego lo vi. No estaban flotando sobre el agua, sino que la estaban sobrevolando. Su cercanía al agua causaba la ilusión de que en realidad estaban flotando en el agua. Algunos se elevaron hasta casi cincuenta metros sobre el nivel del mar. Entonces recordé; eran las naves a vapor prusianas que había visto al llegar a Prusia por primera vez.
Luego de que los últimos soldados subieron a la nave junto a Bromo, Kereon, Jaldegan y yo corrimos sigilosamente sobre la arena hasta colocarnos debajo de la embarcación que ya se estaba elevando. Antes de que subiera a dos metros de altura, nos aferramos a unas sogas que colgaban de estribor. Nos logramos meter en la bodega a través de una ventana que estaba abierta. Nos escondimos detrás de unas cajas en la oscuridad de la bodega. A través de la ventana pude ver que la nave había alcanzado una altura considerable. Varias ventanas iluminaban levemente la bodega. Pude notar que detrás de cada ventana había cañones. Luego me puse a pensar en ciertos temas que requerían respuestas. ¿Por qué Bromo estaba en mi lugar creado en el que iría luego de morir?
-Se lo que estás preguntándote, Kalisto. -Kereon había leído mis pensamientos. -Yo no tengo todas las respuestas, nadie las tiene. Pero puedo ayudarte a encontrarla. Tú, debido a que no estabas vivo ni muerto, oscilabas entre esta realidad y el sistema que habías creado en tu mente al que irías luego de morir. Cada uno tiene una función que cumplir en este mundo y luego debe ir a su sistema, es el destino de cada uno.
-Pero yo maté a Bromo en mi sistema, supuestamente Bromo era una creación mía.- Hablé confundido.
-Exacto.-contestó, pero yo no comprendía. -Bromo era tu creación y, por lo tanto, tu sistema creado era su realidad. Era lo opuesto a tu situación. Entonces, al morir, vino a esta realidad.
Jaldegan se veía preocupado, dijo:
-No va a pasar mucho tiempo hasta que lleguemos al Imperio del Sol, estamos viajando por aire, la marea no nos detiene.
-¿Entonces hay varias realidades?- pregunté, vi que Kereon asintió con la cabeza que aún le sangraba por haberse arrancado los cuernos. -Supuestamente el humano que alguna vez fui murió a la deriva en el mar, con su hermana y su padre. Pero eso cambió, Ana y yo los encontramos en el mar y los llevamos a casa de Greg y Lara. Eso quiere decir que yo debería haber dejado de existir, porque al suceder esto el verdadero Kalisto, el humano, nunca murió en el mar, y por consiguiente el pez dorado no podría haberme dado vida.
-No.-Contestó Kereon. -No dejaste de existir porque existen infinitas realidades, cuyos tiempos están desalineados. Nadie sabe por qué pero existen ciertos portales (de los cuales uno se encuentra en el mar) que transportan a personas al azar a otras realidades. Estos portales pueden ser invisibles y el viaje puede ser instantáneo, sin que la persona se de cuenta. O pueden estar en construcciones como una casa. El humano que alguna vez fuiste, su padre y su hermana atravesaron el portal situado en el mar sin darse cuenta llegando a esta realidad. Pero tu pasado no puede ser cambiado, justamente porque ya sucedió.
Había estado preocupado pensando que, al estar en casa de Greg y Lara, el humano que alguna vez fui, su padre (mi padre de joven) y su hermana habían sido secuestrados por Bromo. Pero mi mayor preocupación en este momento era Ana, mi querida hermana, y mi padre y mi hijo encarnados en Garkland redux. Sabía que en algún lugar de esa embarcación se encontraba Bromo, de quien aún no me había vengado.
-¡Basta de inútiles charlas filosóficas! -Dijo Jaldegan. -Tenemos que pensar qué vamos a hacer. Somos tres contra todo el ejército de Garkland conformado por sombras y prusianos. ¿Cómo vamos a detenerlos?
-Primero vamos a tomar este barco. -hablé con determinación, como lo haría el caballero dorado. -Las demás naves se verán desorientadas al ver que el líder cae.
-Pero Bromo ya no es su líder, Garkland lo es. -Habló Jaldegan.
-Yo no dije nada de Bromo. -Contesté. -Vamos a tomar el barco para luego atacar a la nave en la que está Garkland.
-¿Y cómo vamos a reconocer cuál es el navío de Garkland?-preguntó Jaldegan.
-Fácil. -dije asomándome por la ventana. -Es el que está rodeado por miles de sombras.
A través de la ventana se veían los cientos de barcos prusianos en formación, con una separación homogénea de unos veinte metros entre cada navío. Me hizo acordar a los consultorios flotando con la separación que parecía medida. La flota había descendido, ahora estaba a unos pocos metros del mar. Algunas naves rozaban las olas más altas. La velocidad en la que avanzábamos era más notable al tener como referencia al agua.
Saqué mi espada dorada con la intención de matar a todos los prusianos de la embarcación, lo mismo hicieron Kereon y Jaldegan. Avanzamos por la bodega hasta que abrí la compuerta. La luz del día nos dificultó la visión. Todos los prusianos nos habían estado esperando, sabían que estábamos escondidos. Es por eso que la embarcación de Garkland estaba al lado de la nuestra. Podría haber asesinado a todos los prusianos, pero había algo que me detenía. Bromo tenía de rehén a Ana, le estaba presionando el cuello con una jeringa que contenía un extraño líquido verde. Ana estaba inconsciente de los golpes que había recibido.
-No intentes nada, Kalisto. ¿O debería llamarte caballero dorado? -Me dijo Bromo. -Ella morirá. Tal vez se la pueda dar a Garkland, tal vez quieras tener a toda tu familia encarnada en el gran Garkland.
-Él te lavó el cerebro. -Le contesté. -Deja a mi hermana, Bromo.
-¡Es Dr. Bromo! ¡No me recibí de psicólogo para que me llamen solo Bromo! Te tengo otra sorpresa, Kalisto.
Dos soldados prusianos me acercaron una bandeja que tenía tres cabezas tan destrozadas que tenía pedazos de cerebro desparramados.
-Los encontraron en casa del viejo y su mujer con la que nos divertimos torturando y violando una y otra vez... -Bromo, al decir esto, se mojó los labios con su lengua. Reconocí las cabezas sobre la bandeja, era la cabeza de mi mismo (humano, cuando era un niño), mi hermana niña y mi padre de joven. -Obviamente pensé que si los decapitaba tú también morirías, pero eso no funcionó aparentemente. -Comenzó a reír. -Ríanse conmigo, prusianos. -Los soldados prusianos comenzaron a reír estúpidamente a coro.
Bromo agarró un trozo de cerebro de la bandeja que sostenía uno de los prusianos, se lo llevó a la boca y comenzó a masticarlo. Mi odio hacia Bromo crecía aún más. Se tragó el pedazo de cerebro.
-Tu cerebro sabe a mierda, Kalisto. -Luego le hizo señas a Garkland, que estaba en el barco de al lado, para que se acercara. La nave comenzó a acercarse. Toda la flota prusiana nos seguía por detrás.
-Ni siquiera eres real, Bromo. -Traté de intimidarlo.
-Esa fue la última vez que te olvidaste de decirme doctor. -Bromo inyectó el líquido verde en el cuello de Ana, que cayó al piso. Tomé la espada dorada con ambas manos y me abalancé enfurecido contra Bromo. Todos los soldados prusianos detuvieron mi espada.
-No utilices tus poderes, Kalisto. -Me habló Kereon desde atrás. -Déjalos para luchar contra Garkland.
Bromo escapó hacia la proa con la bandeja, arrojó las cabezas por la borda. Comencé a luchar contra los prusianos. Mis habilidades con la espada eran superiores ahora. Por dentro era Kalisto, pero había adoptado los poderes del caballero dorado. Con una pequeña ayuda de Kereon y Jaldegan, fui ganándoles a los soldados. Bromo se veía preocupado al ver que se le acababan las defensas. Para su alivio, el barco de Garkland se colocó junto al nuestro. Las sombras comenzaron a sobrevolar ambas embarcaciones que avanzaban juntas casi al nivel del mar. Kereon se agachó junto a Ana y chequeó su estado.
-Está viva. -Me habló mientras yo luchaba contra el último prusiano. -Solo la dejó inconsciente.
-¡Estúpido!- Dijo Bromo pateando a Kereon en la cabeza. Luego Bromo arrastró el cuerpo de Ana hasta la proa. Atravesé al último prusiano con la espada dorada y me acerqué a Bromo, quien tenía al cuerpo inconsciente de Ana de nuevo. Bromo estaba parado en la proa justo en el borde, y esta vez no tenía una jeringa en el cuello de Ana sino un cuchillo.
-Yo siempre gano, Kalisto. -Me habló Bromo. -Ahora, despídete de tu hermana con quien engendraste un hijo deforme.
Bromo estaba a punto de cortarle el cuello a Ana cuando algo le llamó la atención y lo detuvo. La drapente había salido de la superficie y comenzó a volar hacia Bromo, iba pasando de derecha a izquierda. Bromo comenzó a gritar al ver que la drapente se le vendría encima en cuestión de milésimas de segundos. La drapente se tragó por completo a Bromo y se sumergió en el agua rápidamente. Ana, que antes estaba siendo sostenida por Bromo, cayó hacia atrás, hacia el agua, en un estado de inconsciencia. Yo corrí a salvarla, dejé la espada dorada a un lado y me sumergí en el agua.
Abrí los ojos debajo del agua y vi extrañas especies que nunca había visto antes. Pero no había tiempo para apreciarlas; busqué desesperadamente a Ana. La vi hundiéndose lentamente hacia el fondo. Aún estaba inconsciente, se iba a ahogar. De repente vi a la drapente que se me acercaba rápidamente. Abrió su boca y me tragó, no pude evitarlo. Para mi sorpresa el interior de la drapente carecía de órganos y estaba completamente iluminado, supuse que poseía un pigmento en el interior que iluminaba el interior. Fue así como pude ver a Bromo aún con vida sacando su cuchillo. Me arrepentí de no haber llevado la espada dorada. Avancé nadando por el extraño líquido del interior de la drapente a luchar con Bromo. Trató de rebanarme con el cuchillo, pero lo esquivé y luego comencé a luchar por la posesión del arma blanca. A Bromo se le estaba acabando el aire, y pensé que lo mismo le debía estar sucediendo a Ana. Esto me benefició, ya que perdió fuerzas y logré arrebatarle el cuchillo. Lo apuñalé varias veces en el abdomen y el interior de la drapente se volvió rojo. Bromo dejó de respirar, me aseguré de ello. Estaba definitivamente muerto.
Ahora debía salir de ese lugar y salvar a Ana, si aún seguía con vida. Con el cuchillo empecé a rebanar la piel de la drapente, que comenzó a saltar del dolor. Seguí clavando el cuchillo en el mismo lugar hasta que comenzó a entrar agua. La drapente se llenó de agua y el orificio se hizo más grande; pude salir una vez que el agua no hacia presión para entrar. La drapente cayó muerta al fondo. Pude ver a Ana en el fondo. Pensé en salir a tomar aire, pero Ana no había tenido es oportunidad. Nade lo más rápido que pude hacia ella y la tome con mis brazos. Nadé hacia arriba abrazándole y salimos a la superficie. Me sorprendí al ver que un barco de la flota estaba a punto de atropellarnos. Nadé con toda mi fuerza hacia un costado y me sujeté de una soga. Logré subirnos a un timón que se encontraba en posición horizontal a un costado de la nave. Acosté a Ana y comencé a darle respiración boca a boca.
-¡Vamos, Ana!-Grité, unos prusianos me escucharon desde el barco.
Para mi alivio, Ana comenzó a toser y escupió agua. Aún seguía inconsciente, pero supuse que era por el líquido verde que Bromo le había inyectado.
Estábamos en el último barco de la fila. Afortunadamente, solo había seis tripulantes en la nave. Entré a Ana a la bodega por una de las ventanas, la recosté entre unas cajas y corrí hacia la escotilla. La abrí y me recibieron los seis soldados prusianos. Había dejado caer el cuchillo de Bromo cuando salvé a Ana, es por eso que tuve que esquivar los ataques de los soldados. Mientras tuve oportunidad los iba tirando por la borda. Me adueñé de un sable y comencé a cortar a los demás. Logré deshacerme de toda la tripulación.
Fui directamente al timón y me apoderé de la nave. Comencé a liberar peso arrojando los cadáveres prusianos y cargamento de la bodega para tomar velocidad. También tomé algo de altura para alejarme de los demás barcos de la flota; para que no se dieran cuenta de que el navío había sido capturado. Fui pasando a la flota por un costado, cada vez me acercaba a los dos primeros barcos, donde se encontraba Garkland. Ana se despertó y se me acercó.
-Me alegra ver que estás bien. -Le dije.
-¿Quién eres?-Me preguntó confundida. Al principio no comprendí por qué no me había reconocido, pero luego me di cuenta.
-Soy Kalisto. Encarné como el caballero dorado. Te va a costar comprenderlo, pero confía en mí. -Luego de decir esto, pensé: "Hubiera sido peor si me hubiera visto sin piel, sin uñas, sin dientes, sin un ojo y sin una mano". -Creo que va a ser mejor que te quedes escondida.
Ella levantó un sable y dijo: -Si tengo que luchar, lucharé.
-Prepara los cañones de estribor. -Le ordené.
Nos colocamos a la izquierda del barco de Garkland, a altura del globo que lo mantenía en el aire. Le dije:
-¡Fuego!
Ana fue encendiendo todos los cañones y los mismos se dispararon uno tras otro. Las balas de cañón fueron atravesando el globo desinflándolo. La embarcación repleta de sombras chocó contra el agua y se comenzó a hundir muy lentamente, es por eso que el barco que venía detrás chocó contra este y así sucesivamente. Uno de los barcos que no chocó comenzó a seguirnos. Luego nos colocamos sobre el otro barco que estaba adelante. Allí pude ver a Garkland, a Kereon y a Jaldegan. Yo salté y el globo amortiguó mi caída, luego me deslicé hasta aterrizar en la popa. Ana se colocó detrás del barco que nos estaba siguiendo. Inmediatamente innumerables sombras volaron hacia mí, yo las corté con mi sable prusiano. Luego, para mi asombro, Kereon y Jaldegan se me acercaron con la intención de atacarme.
-¿No me reconocen?-Les hablé, pero ellos no me respondieron. Me atacaron con sus sables y yo no tuve otra opción que responder. Alargué la pelea sin hacerles daño. Habían sido atrapados por Garkland, ahora le pertenecían. Supuse que si Garkland tenía ese poder, yo también, y podría revertirlo.
-Sé lo que estás pensando, Kalisto. -Dijo Garkland redux acercándose a mí. Tenía la espada dorada en su mano izquierda. -No puedes usar tus poderes sin la espada dorada, ingenuo. -Arrojó la espada dorada al mar. Mis problemas aumentaban. -Ahora acabemos con esta farsa.
Garkland se acercó con su espada con intención de matarme, yo detuve el impacto con mi escudo dorado. Una luz de color violeta inundó el cielo, y Garkland comenzó a gritar en un idioma inexistente. Los dos nos vimos rodeados por esta luz violeta y sombras que sobrevolaban nuestros alrededores. Ya no veíamos dónde estábamos, y yo tenía la sensación de que estábamos flotando. Una luz blanca nos cegó definitivamente.
Desperté en un lugar completamente extraño. No entendía como me había transportado a ese lugar. Había caído en una plataforma semicircular con columnas en el borde. En el centro había una plataforma circular más pequeña que la anterior. Miré hacia abajo y no había más que este gas violeta. Ambas plataformas estaban flotando, y estaban separadas por unos diez metros. Infinitas sombras sobrevolaban el lugar. Garkland redux se encontraba flotando a un metro de altura sobre la plataforma circular, estaba rodeado de lo que parecía un escudo protector. Unos rayos violetas lo hacían flotar.
-Bienvenido a nuestro campo de batalla, caballero dorado. -Garkland gritó con una voz completamente inhumana.
Yo no tenía otra defensa más que el escudo. Unas sombras se me acercaron y las corté con el lado filoso de mi escudo. Garkland estiró sus brazos hacia mí y disparó un rayo violeta. Yo fui lo suficientemente rápido para esconderme detrás de una de las columnas. El rayo destruyó la columna y los restos cayeron sobre mí. No duraría mucho más así. Esquivando diversos rayos de Garkland, corrí hasta el borde de la plataforma semicircular y pude ver un interruptor en la última columna. Presioné el interruptor y del otro lado de la plataforma semicircular apareció otra base cuadrada que estaba a unos dos metros del borde de la anterior. Había ascendido desde lo bajo, antes no estaba a la vista debido al gas violeta. Avancé a la segunda columna esquivando otro rayo que impactó contra cinco sombras. Noté que había un interruptor en las ocho columnas, y cada uno hacía aparecer a una plataforma cuadrada cada vez más lejos, formando un camino. Pero había dos complicaciones, cada plataforma tenía tiempo limitado (eso quería decir que las plataformas duraban apenas unos segundos en el lugar y luego volvían a descender; tendría que ir corriendo), y que una de las columnas estaba destrozada y, por ende, también el interruptor. Iba a tener que hacer un salto de seis metros salteándome una de las plataformas. Supuse que algo importante habría al final del camino.
-No vas a poder esconderte por mucho tiempo, Kalisto. -Habló Garkland.
Decidí hacer la hazaña, ya que no duraría mucho más escondiéndome entre las columnas. Solo esperaba que Garkland no se enterara de mi misión y comenzara a destruir las columnas. Corrí hacia mi izquierda y llegué a la primera columna. Algunas sombras me siguieron. Accioné el primer interruptor y corrí hacia la segunda columna. Esquivé diversos rayos en el camino. Presioné el segundo interruptor y así sucesivamente. Fui accionando todos los interruptores, menos el de la columna destruida. Llegué al borde y salté a la primera plataforma sin dudarlo. Aterricé sin problemas y, sin detenerme, salté a la siguiente. Salté varias plataformas. Apenas pisaba las plataformas, éstas volvían a descender. Garkland destruyó algunas con sus rayos; no podría volver. Estaba tomando un gran riesgo. Llegué al punto en el que tendría que saltearme una de las plataformas. Si me detenía iba a perder toda la carrera que había tomado, entonces salté directamente. Pero mientras volaba por el aire violeta me percaté de que no llegaría. Caería hacia la infinidad violeta. Ya estaba cayendo, ya estaba por debajo del nivel de las plataformas. Una sombra voló por debajo de mí y yo me apoyé con uno de mis pies. Usando a la sombra como apoyo salté lo más alto que pude. Estiré mis brazos y pude colgarme de la plataforma que ya estaba descendiendo. Rápidamente subí a la plataforma y salté a la siguiente. Así pude llegar hasta la última base cuadrada. ¿Adónde ahora? Pude ver que había una plataforma semicircular igual a la anterior, justo del otro lado de donde estaba Garkland. Salté desde el último cuadrado y me colgué del borde del semicírculo. Subí rápidamente e inspeccioné el lugar esquivando rayos. Cada movimiento que hacía debía ser medido. No había columnas que me podrían proteger. Había un camino que llegaba hasta la plataforma circular en la que estaba Garkland. Había un interruptor en el piso. Lo accioné y un rayo verde cayó sobre La plataforma circular en la que estaba Garkland, el rayo le pegó a Garkland y lo inmovilizó por unos segundos. Volvió en sí y comenzó a caminar por el camino, hacia mí. Me alarmé y accioné el interruptor de nuevo, esperando que el rayo cayera de nuevo sobre Garkland, pero cayó de nuevo sobre la plataforma circular, que ya estaba vacía. Garkland redux se me estaba acercando con su espada con ninguna otra intención que eliminarme.
-El mundo me pertenece. -Garkland me habló antes de matarme, de nuevo. Yo cerré los ojos y me encogí en el piso. -Eres patético, no eres digno de ser el caballero dorado.
Luego sucedió algo inesperado que me salvó. Abrí los ojos y vi a un caballo dorado con alas aterrizó en la plataforma y golpeó a Garkland con sus patas delanteras. Garkland cayó al piso. Me subí sobre el caballo, que comenzó a sobrevolar el lugar. El caballo era una belleza, tenía pelaje dorado y alas enormes que lo impulsaban por el aire violeta. Para mi sorpresa, sobre el caballo estaba la espada dorada. Había además un cuchillo para arrojar y un frasco vacío. Comencé a dominar la dirección del caballo. Ahora el prefijo caballero tenía sentido. Destrocé algunas sombras con la espada dorada y me acerqué a Garkland redux, que se estaba levantando. Le arrojé el cuchillo, que fue girando hacia su cabeza. Pero Garkland, en un reflejo automático, esquivó el cuchillo. Sería inútil seguir intentando, debía estar inmovilizado para poder impactarlo. Garkland no me tiró rayos desde ese lugar, sino que pretendió matarme con su espada. Volvió por el camino al centro circular y desde allí me tiró rayos. Garkland utilizaba el poder energético situado en la plataforma circular para disparar sus rayos.
-No tienes oportunidad, Kalisto. -Me gritó Garkland redux. -Morirás, y pronto Ana estará a mi lado.
Me disparó diversos rayos mientras me decía esto. Yo sobrevolaba el lugar con mi caballo dorado, descuartizando sombras con mi espada hecha de oro. Mi caballo movía sus patas, pero el movimiento lo hacían las alas. Volamos por detrás de las columnas, y los rayos de Garkland terminaron de destruirlas por completo. Pasé cerca de Garkland e intenté atacarlo con la espada dorada, pero su espada detuvo el ataque. Di la vuelta volando con el caballo e intenté un segundo ataque, pero Garkland no se defendió con su espada esta vez; disparó uno de sus rayos e impactó en mi caballo. Ambos caímos hacia atrás y aterrizamos sobre la plataforma, cerca del interruptor. El caballo estaba muerto, a su lado estaba el frasco vacío. Sin pensarlo, accioné el interruptor con la esperanza de que Garkland estuviera en el centro de la plataforma circular. Para mi desgracia, Garkland ya se me había acercado. Me di vuelta para mirar y estaba junto a mí, a punto de acabarme con su espada. Su rapidez era asombrosa. Detuve el ataque con la espada de oro y me puse de pie.
-Estuve esperando este momento. -Dijo Garkland mientras se defendía con su espada.
-¿Qué momento? -Dije, intentando atacarlo con mi espada.
-Pronto morirás y el mundo me pertenecerá, nada podrá detenerme.
Yo era el único que podría detenerlo, pero estaba desesperanzado porque mi caballo estaba muerto y ahora estaba en desventaja. Luchamos con las espadas con gran velocidad. El hecho de que Garkland iba retrocediendo por el camino me dio la idea de que estaba ganándole, pero Garkland esquivaba todos mis ataques. No pude ocasionarle ningún daño. Yo me iba protegiendo con mi escudo dorado. Logré colocar a Garkland sobre la plataforma dorada. Utilicé mi enojo para atacar violentamente la espada de Garkland una y otra vez. Golpeé con fuerza su espada hasta que se la desprendí de la mano y la misma cayó al vacío violeta. Garkland no tenía nada para defenderse, era mi oportunidad. Levanté mi espada dorada con la intención de decapitarlo, pero en ese instante Garkland le disparó con sus rayos a mi espada y mi escudo haciéndolos volar hasta la plataforma, cayeron junto al caballo muerto. Había olvidado que Garkland tenía el poder de disparar rayos nuevamente, ya que estaba posicionado sobre la plataforma circular. Luego Garkland me electrocutó a mí. Caí sobre el camino en un estado de éxtasis. Garkland me volvió a tirar una y otra vez. Escuché que me hablaba, pero debido a mi estado no pude entender lo que había dicho. Me siguió tirando rayos desde la base circular hasta que quedé malherido junto al caballo. No tenía fuerzas, si me impactaba de nuevo moriría. Sabía esto porque uno sabe cuando va a morir, ya tenía experiencia en ese asunto. Abrí mis ojos y pude ver a la espada dorada, el frasco y el cadáver del caballo. Mi cabeza se dio vuelta sola por cuestión de gravedad, se golpeó contra el piso y vi al interruptor del otro lado. Solo tenía que estirar mi brazo y accionarlo. Se me estaba acabando el tiempo, Garkland estaba a punto de hacer el golpe final. Utilicé todas mis fuerzas restantes para volver a girar mi cabeza. Solo bastó con que cerrara la mano para tomar posesión de la espada dorada.
Al tomar la espada dorada con mi mano derecha, un destello de luz recorrió mi cuerpo. Utilicé mis poderes de los cuales desconocía. Me sentía con fuerzas de nuevo. Me arrodillé y vi que Garkland estaba apuntando sus brazos hacia mí con intención de disparar sus rayos. Con mi mano izquierda accioné el interruptor. El rayo verde cayó cobre la cabeza de Garkland electrocutándolo. Sus rayos violetas se entrecruzaron con los verdes y acabaron sobre él mismo. Garkland redux estaba inmovilizado. En un tono de enojo y de victoria dije:
-Esquiva esto, hijo de puta.
Con mi brazo derecho arrojé la espada dorada hacia Garkland con toda mi fuerza. La espada giró y giró hasta que impactó en el pecho de Garkland atravesándolo. Los rayos dejaron de electrocutarlo. Garkland emanó un grito ahogado y me miró a los ojos. Un destello proveniente de la espada dorada incrustada en su cuerpo iluminó todo el lugar, luego explotó. Trozos de Garkland volaron por el aire de color violeta. El frasco comenzó a flotar y se abrió por su cuenta. Lo que parecía ser una sombra de Garkland, pero más pequeña y de color blanco, era el alma de Garkland. Ésta fue absorbida por el frasco e ingresó en el mismo. El frasco se cerró solo. Lo tomé y miré en su interior. Adentro estaba el alma de Garkland rebotando contra las paredes intentando salir. Lo había logrado. Sonreí por primera vez en mucho tiempo y me recosté en la plataforma, agotado por la pelea. Cerré mis ojos y descansé.
Abrí mis ojos. Me encontraba sobre el barco de nuevo. Aún tenía el frasco en mi mano, le eché un vistazo y confirme la presencia del alma de Garkland en el mismo. Había sido como un sueño, pero para mi alivio, no lo había sido. Había mucha gente a mi alrededor, pendiente de todos mis movimientos. Reconocí a Ana, a Kereon y a Jaldegan inmediatamente. Me senté y noté que el barco sobre el que estábamos estaba enterrado en la arena, al igual que toda la flota. Me puse de pie y miré a mí alrededor. Toda la flota estaba enterrada en el desierto.
-¿Qué sucedió? -Pregunté observando a una multitud reunida en la arena. Kereon fue quien me respondió:
-Lo lograste, cuando destruiste a Garkland sus sombras desaparecieron automáticamente y todos los que habían caído en su hechizo recobraron la conciencia, incluyendo a los prusianos. Ahora el alma de Garkland está donde pertenece, en el frasco. Lamentablemente Garkland es inmortal, pero mientras nadie vuelva a abrir el frasco todo estará bien.
-¿Dónde estamos? ¿Por qué estamos en medio del desierto? -Pregunté nuevamente apoyando el frasco en el piso del barco.
-Te explicaré todo cronológicamente. -Habló Kereon con su vista fija en mí. -Desde que fuiste a combatir a Garkland Ana recobró la espada dorada que estaba en el fondo del mar y te la envió junto al caballo que curiosamente estaba en la bodega del navío en el que ella estaba. El caballo se fue volando por los aires. Cuando derrotaste a Garkland, los prusianos, Jaldegan y yo dejamos de pertenecerle. El mar se transformó en desierto, no puedo explicar por qué exactamente. Aunque no lo creas estamos ahora en el Imperio del Sol. Ya se lo que estarás pensando, solo se ve desierto hacia el horizonte. Pero Garkland destruyó la ciudad por completo. Afortunadamente, la población sobrevivió. Es esa multitud que vez reunida en el desierto, junto con los prusianos. Pero antes de ir ahí debes ver a alguien.
De entre la gente que había en el barco se me acercó un hombre sosteniendo un bebé. Eran mi padre (en forma humana) y mi hijo.
-Aparecieron en cuanto destruiste a Garkland. -Me susurró Kereon. -Ya les conté todo lo que sucedió, también a Ana.
-Hola hijo. -Me habló mi padre.
Una lágrima de felicidad cayó por mi mejilla. Fui a abrazarlos. Sostuve a mi bebé y luego se lo di a Ana, abrasé a mi hermana y la besé. Miré a mi padre con una sonrisa.
-Tengo historias que contarte. -Le dije.
-Yo también. -Me contestó devolviéndome la sonrisa. Nunca lo había visto tan feliz. -Pero ahora debes ir con tu pueblo.
Todos bajamos del barco enterrado en la arena y nos reunimos con la multitud acumulada en el desierto. Ana fue la última de bajar del barco, sosteniendo el bebé con un brazo. Allí estaba toda la población del Imperio del Sol, los prusianos y todos nosotros. Era un momento de felicidad, habíamos derrotado a Garkland. Lamentablemente, mientras me acercaba fui descubriendo que todos estaban discutiendo, incluso peleando. Aparentemente los prusianos se estaban peleando con los del Imperio del Sol. Todos se callaron y Kereon habló:
-Esto fue obra de Garkland. No hay razón para discutir. Solo debemos reconstruir todo y todo volverá a la normalidad.
Un ciudadano del Imperio gritó violentamente:
-¡No hay que escucharlo! ¡Son revolucionarios! -El hombre señaló a Kereon y a Jaldegan, quien contestó:
-El pasado era un momento de paranoia para nosotros. Hicimos cosas de las que ahora estamos arrepentidos, pero lo hicimos para derrotar a Garkland. Era parte de lo que teníamos que hacer, cada uno debe cumplir su destino. -Yo estaba en desacuerdo con ese pensamiento. Cada uno construye su destino. Por primera vez, había comprendido algo por mi cuenta, cin que nadie me lo enseñara. Era parte de mi madurez de niño a hombre. Kereon siguió: -Ahora que Garkland está seguro en el frasco solo debemos convivir en paz.
-¡No! -Contestó el mismo ciudadano. -Deben ser ejecutados, también el príncipe Kalisto, que es un traidor.
-El príncipe Kalisto murió. -Kereon dijo esto para encubrirme y protegerme. Ahora tenía otra identidad. -Dejen a Kalisto fuera de nuestras diferencias. Él fue quien derrotó a Garkland y lo encerró en el frasco. Deberían agradecerle, también al caballero dorado quien está a mi lado.
Un prusiano se quejó:
-Pero mató muchos prusianos. -Jaldegan le contestó:
-Lo hizo en defensa propia. Además, liberó a los prusianos de la tiranía de Bromo.
La pelea siguió y no llegó a ningún lugar. En parte me sentía culpable. Había cometido errores. Sin embargo esta discusión no tenía sentido. Nos esforzamos por derrotar a Garkland y en vez de un agradecimiento esto era lo que recibíamos. Pensé en irme del lugar, pero decidí quedarme con mi familia. Entre todas las voces que oía en la discusión pude entender que una preguntaba:
-¿Cómo sabemos que en verdad derrotaron a Garkland? ¿Dónde está este frasco?
-Bueno está... -Contestó Jaldegan mirándome interrogativamente.
Yo no lo tenía.
Toda la multitud se quedó callada. Unas sombras negras se nos acercaron desde el horizonte. Cubrieron el cielo. Yo miré a Ana que estaba de espaldas. Ella se dio vuelta y me miró a los ojos.
-Lo siento. -Me dijo, yo no comprendía.
La observé. Tenía a nuestro hijo en su brazo izquierdo. En su brazo derecho tenía el frasco que había abierto cuando se había dado vuelta. Sentí un dolor punzante en el pecho. Los ojos del bebé se habían vuelto rojos. Las sombras habían cubierto completamente el cielo, reinaba una oscuridad apocalíptica. Escuché gritos de horror detrás de mí. Me di vuelta lenta y temerosamente. Ya no existía la multitud de gente, no estaban ni mi padre, ni Kereon, ni Jaldegan. Lo que vi fue horrible. Garkland había salido del frasco y había succionado las almas de todas esas personas, prusianos, ciudadanos; toda la multitud. Toda esa masa de gente se comenzó a fusionar formando una masa gigante y deforme que aumentaba en tamaño. Aún se escuchaban los gritos horrorizados de las personas. Observé aterrado la atrocidad que estaba ocurriendo. La bola de gente comenzó a tomar forma y un brazo se estiró hacia mí. Un destello de luz salió del mismo y me impactó. Instantáneamente me vi convertido en un pez dorado de dos metros agonizando sobre la arena.
No podía respirar, trataba de saltar golpeando mi cola contra el piso. Pero era inútil, moriría ahogado. Mis reflejos de pez no podían evitar intentar sobrevivir hasta el final. Seguí rebotando en el piso hasta que estuve casi muerto, sin embargo mi mente funcionó hasta el final. Ana siempre había sido una creación de Garkland, en cuerpo y alma. Por lo tanto también mi bebé. Ambos habían sido creados para servirle. De alguna forma no había querido admitirlo, en parte por mi amor hacia ellos. Ahora en un instante Ana había destruido todo lo que había logrado. Ana se acercó a mi ojo de pez. Pude ver su hermoso rostro por última vez. Tenía los ojos cubiertos de lágrimas. Nunca había podido admitir que era una creación del mal, y tampoco lo hacía ahora. La voz de Ana sobresalió sobre el silencio de muerte.
-Antes de morir, quiero que sepas que nuestro amor fue verdadero.
Era todo lo que quería escuchar. Estaba listo para morir por última vez. Ella se fue caminando y salió de mi vista, fue allí cuando cerré mis ojos de pez.
Recordé todo mi pasado comenzando con la vida del humano que alguna vez fui. En mi corta niñez como humano reviví la muerte de mi madre, quien había muerto de tuberculosis. El destierro de mi padre del Imperio del Sol y el viaje que emprendimos con mi hermana. La tempestad que sufrió nuestra embarcación y mi encuentro con el pez dorado en el medio del mar. Mi muerte y mi resurrección asistida por el pez dorado. En ese momento pensé en lo que había sucedido con el humano real que alguna vez fui y recordé lo que me había enseñado Kereon: "No dejaste de existir porque existen infinitas realidades, cuyos tiempos están desalineados." Me conformé con la idea de que en algún lugar, en alguna realidad mi hermana y yo éramos felices. Incluso me conformé recordando los momentos felices de mi vida. Es así como uno debe recordar su pasado antes de morir. No veía, no escuchaba, no sentía; debía estar muerto.
"No veía, no escuchaba, no sentía; debía estar muerto." Los pensamientos de Kalisto aparecían en su mente como una narración en pasado de lo que le iba sucediendo en el momento. Luego sintió algo que su mente apenas podía describir:
"Luego dejé de ver la oscuridad. Dejé de escuchar el silencio. Luces de colores se acercaban a mis ojos como si me estuviera transportando a una velocidad increíble. Aroma a flores en primavera invadió mi sentido del olfato. Escuchaba sonidos extraños y hermosos similares a la música que había escuchado en el barco que me llevó a esta aventura surrealista. No tenía en cuenta las reglas de espacio y tiempo. Sobrevolé en una velocidad increíble todos los lugares y momentos de mi pasado. Incluso el sistema que había creado para mi muerte. Pero ahora era algo superior. Una felicidad inmensa recorrió mi cuerpo. Sentía lástima por Garkland por haber conquistado el mundo real, y por el hecho de que nunca moriría. Una luz iluminó mi visión y pude ver una forma indescriptible que me rodeaba, con un color inexistente similar a la pureza de la blancura de la nieve..."

